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lunes, 13 de abril de 2009

REPRODUZCO AQUÍ LA CARTA DE MI AMIGO ZOILO AL RESPECTO DE LA CUESTA COMO BARRIO DE LA LAGUNA

Querido Dorta:

Como muy bien sabes, aunque vine al mundo en la Laguna, en casa de una tía, siempre viví en La Cuesta de Arguijón desde que nací hasta que cumplí 17 o 18 años; no recuerdo muy bién.

Este artículo en tu Blog me trae a la memoria no solo el colegio que nombra el entrante en el texto sino otro, donde yo estudié bachiller, y que estaba ubicado en la antigua Clínica de San Juan de Dios. Dicho colegio se llamaba SAN FERNANDO (privado y no muy caro).

El redactor quizá no se olvide tampoco de la ESCUELA PÚBLICA DE D. SIMÓN, cerca del callejón Piñeiro donde yo vivia, del Hogar Obrero justo al lado y creado por el cura D. Luis (que fumaba unos habanos de los mejores)ni de la Farmacia algo más arriba y esquina con la calle S. Juán. Todo ello en la misma acera. El cine Park, donde tantas veces asistí, se encontraba frente de la popular escuela pública de D. Simón y junto a él el estanco de D. Agustín. El CINELANDIA se encontraba cerca de la Sociedad del Club de Futbol Arguijón donde jugué en juveniles y 3ª regional (también se practicaba boxeo). Debe recordar también la barbería del Canario, cerca de la estación de Tranvias y el estanco, en la misma zona, de Dña. Aniceta,cuyo marido era, por entonces, concejal o algo parecido y cuyos hijos se llamaban respectivamente EUDALDITO Y PAQUÍN, este aquejado de una poliomelitis muy severa.


En una calle por encima y paralela a la de San Juán, cuyo nombre no recuerdo, se encontraba LA MOLIENDA donde trabajaba con su padre FABRICIANO DIAZ, años más tarde, conocido locutor de radio. En esa esquina con esa calle, vivía precisamente el caballero que nombra mi paisano: Teobaldo Arbelo Ramos a quién los niños de mi edad le guardaban un profundo respeto rayando el miedo; y por dos motivos fundamentales: por su aspecto físico derivado de la explosión de una granada y por su profunda y grave voz.


Los LUISES fueron para mi dos personajes increibles: uno era cura, como he dicho anteriormente; el otro, médico, que en aquel entonces practicaba abortos clandestinos en favor, sobre todo, de las prostitutas embarazadas.


D. Luis, el médico, totalmente anticlerical, solía adornarse el miembro con un lacito rojo los dias de borrachera para asistir a la sacritía a que D. Luis, el cura, se lo bautizara. ASÍ ERA LA CUESTA DE ENTONCES; ...y eso sin contar con ISABEL "LA PADILLA" y "PEPITO "EL MODELÓN".


Corrían por entonces los años 50


domingo, 8 de febrero de 2009

TU O TUS APELLIDOS POR EL MUNDO

Observa

como se distribuye

tu apellido

por el mundo


No hay nada peor cuando niño que tener un apellido extranjero difícil de pronunciar y escribir. Ya en la adolescencia nos cansamos de corregir a la gente y de adultos el estar obligados a repetir tramites por culpa de que alguien lo digitó incorrectamente.


No te preocupes, son muchos los que están en tu situación y si quieres saber donde se hallan tus compañeros de apellido, puedes recurrir a la aplicación web World Names Profiler, con acceso a bases de datos en todo el mundo.


Con sólo escribirlo podrás ver en el mapa la distribución que tiene entre los habitantes de los diferentes países y continentes, los que se tiñen de diferentes colores según la concentración que tiene.


Pero no sólo podrás observar el mapa, sino que también acceder a estadísticas en texto, pudiendo ver el ranking de países donde más personas llevan el apellido y en cada uno de ellos su concentración, aprendiendo de paso sobre sus orígenes y significado.


Enlace: World Names Profiler

domingo, 14 de diciembre de 2008

La buena salud del esquema Ponzi, una estafa octogenaria

Por ÁLVARO LLORCA (SOITU.ES)
Actualizado 13-12-2008 22:48 CET

Desde los colombianos más humildes hasta los señores encorbatados de Wall Street, se cuentan por miles las personas que han sido víctimas de empresas fraudulentas, las cuales aseguran grandes beneficios a cambio de sus inversiones. En estas historias suelen estar involucrados algunos ingredientes tan humanos como la ingenuidad o la avaricia, junto a algún personaje de tintes mesiánicos. Es lo que ha ocurrido en la estafa de Bernard Madoff, que ha sido calificada por las autoridades como "el esquema 'Ponzi' más grande de la historia financiera", según escribe 'The New York Times'.

(EFE)

El nombre de 'esquema Ponzi' hace referencia, precisamente, a uno de esos personajes mesiánicos que lograron convencer (y engañar) a miles de personas sobre la viabilidad de su proyecto financiero. Concretamente, se refiere a las andanzas de Carlo Ponzi, un emigrante italiano que llegó a Nueva York con una mano delante y otra detrás, y que logró construir un considerable emporio gracias a la credulidad de algunos miles de personas. Y esto ocurrió durante el primer cuarto del siglo veinte (si bien el de Ponzi no fue el primer caso, sí que fue uno de los que más repercusión obtuvo y, por tanto, el que dio nombre a este tipo de fraudes).


A día de hoy, más de 80 años después, hay gente que parece no haber aprendido la lección, y es que la posibilidad de ganar dinero rápido perjudica seriamente la facultad de hacerse preguntas: ¿A dónde va a parar el dinero de los inversores? ¿De dónde proceden los jugosos beneficios? ¿Qué estrategia financiera sigue la empresa? ¿Quién se ocupa de vigilar las cuentas? Tal vez, éste es el tipo de preguntas que debieron haberse planteado quienes se unieron a la aventura de Ponzi: hacer negocio con la compra de cupones de respuesta postal internacional.


Este tipo de cupones podían incluirse en las cartas que se mandaban a otros países. El remitente los introducía en el sobre para que el destinatario fuera a una oficina de correos y los canjeara por los sellos de su país, y no tuviera que gastarse dinero para devolver la carta. Estos cupones se canjeaban con un tipo de cambio establecido, por lo que Ponzi se dio cuenta de que, debido a las intensas fluctuaciones en el tipo de cambio de la época, podía sacar beneficio al cambiar un elevado número de cupones.


Ponzi hizo creer que, a través de este negocio, era posible conseguir chorros de dólares, ofreciendo una rentabilidad del 50% en sólo 45 días. Este hecho motivó que, cada vez más personas, cayeran seducidas ante las apetitosas promesas del italiano. Así, Ponzi pagaba la rentabilidad de los viejos usuarios con el dinero que proporcionaban los 'socios' recién llegados. Con este sistema, las necesidades de nuevos usuarios son infinitas, de modo que, "cuando dejan de llegar nuevas aportaciones o los antiguos inversores reclaman la devolución de las suyas —como suele ocurrir en momentos de crisis económica, o cuando los empresarios empiezan a sospechar del intermediario—, el fraude salta a la luz: el intermediario no dispone apenas de activos para pagar las cuantiosas deudas contraídas con los inversores", según explica Manuel Conthe en su blog.


Los que sí que dieron respuesta a las preguntas anteriormente planteadas, los que buscaron una explicación a las dudas que giraban en torno al proyecto de Ponzi, fueron los periodistas del Boston Globe, responsables de destapar el caso, lo que les valió el premio Pullitzer "al servicio público" del año 1921. Por el contrario, los diarios contemporáneos no han podido dar noticias del caso de Madoff, a pesar de que su compañía de inversión contaba con más de cuatro décadas a sus espaldas.


En España, este tipo de negocios no son del todo ajenos. Y es que hay "casos recientes en España, como los de Afinsa y Fórum Filatélico, que podrían encuadrarse en esta categoría", según recuerda un artículo de Microsiervos.


El 'esquema Ponzi' se halla claramente emparentado con el asunto de las pirámides financieras, como aquel que estalló durante el mes pasado en Colombia. Sin embargo, algunos autores encuentran algunas diferencias sustanciales entre ambos fraudes. "El esquema 'Ponzi' es una estafa sencilla, en la que un individuo carismático convence a algunas personas para invertir dinero en un producto financiero. Entonces, los inversores no tienen nada que hacer más que esperar su dinero", como explicaba Seth Godin en su blog. Mientras, continúa, "una pirámide financiera es algo diferente, al tratarse de un plan en el que los inversores tienen que hacer algo", como implicarse de forma activa en la búsqueda de nuevos clientes para conseguir sus beneficios.


Para saber más

miércoles, 10 de diciembre de 2008

España, 1948: sin noticias de los Derechos Humanos


  • El 'ABC', 'El Alcázar' y 'Arriba' no se hicieron un gran eco de la Declaración Universal
  • España todavía no formaba parte de la ONU, ya que ingresó en 1955
  • La prensa estaba muy influenciada por el poder, merced a la Ley de Prensa de 1938

Por ÁLVARO LLORCA (SOITU.ES)
Actualizado 10-12-2008 12:41 CET

Preguntarse cuándo empezó la obsesión periodística por conmemorar todos y cada uno de los aniversarios tal vez sea tan inútil como cuestionarse si fue antes el huevo o la gallina. Pero más vale no hacer sangre de esto, porque este texto no es más que un nuevo artículo conmemorativo. Efectivamente, desechando el 157º aniversario del nacimiento de Melvil Dewey, creador del Sistema Decimal para bibliotecas, o el 55º aniversario del lanzamiento del primer número de la revista Playboy, cuyas efemérides hoy se celebran, hemos decidido dedicar este artículo al 60º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos.

Portada del 'ABC', dedicada a los Hermanos Álvarez Quintero (11-12-1948).


Para ello, nos hemos desplazado hasta una hemeroteca, para saber si los diarios españoles de 1948 (ya se sabe, el 'Arriba', 'El Alcázar' o el 'ABC' de entonces) se hicieron eco de aquella Declaración con el mismo énfasis con el que hoy la reivindican a los cuatro vientos los medios contemporáneos.


En primer lugar, a la caza de una portada histórica, llega a nuestras manos el 'ABC' del 11 de diciembre de 1948, el día siguiente a la famosa Declaración. "Homenaje a los hermanos Álvarez Quintero", titula a toda página en portada el diario madrileño, en referencia a una concentración que tuvo lugar en el parque del Retiro, con motivo del estreno de una obra póstuma de la pareja de comediantes. La información relativa a la resolución de Naciones Unidas no llega hasta la página 11, en la que se dedican tres líneas al acontecimiento: "La Asamblea General ha aprobado la Declaración de los Derechos del Hombre, por 48 votos contra ocho abstenciones". Y punto.


Tal vez, esta escueta referencia se deba a que, ese día 11 de diciembre de hace 60 años, concurrieron diversas noticias de una relevancia descomunal, de una competencia descarnada, capaces de relegar la información sobre la Declaración hasta las últimas páginas.


Aquel día, por ejemplo, la famosa página tres del 'ABC', la misma por la que han desfilado algunas de las plumas españolas más insignes, está consagrada a un artículo del literato y periodista Manuel Halcón, titulado "Defensa del perro de piso". En este texto, de 141 líneas, el que fuera subdirector del 'ABC', director de 'Semana' y ganador del Premio Nacional de Novela y del Mariano de Cavia, contesta a unas declaraciones del escritor Josep Pla, en las que el catalán se mostraba contrario a que los perros vivieran en el interior de los pisos.

Portada de 'El Alcázar' (11-12-1948).


"¿Por qué quiere usted intervenir en la vida privada, mortificar, arrancarles a un grupo nada desdeñable de personas o familias, ese sentimiento tan profundo de amistad hacia el animal amigo del hombre, amigo sin reservas? (...) Dejar al mundo sin perros equivaldría a secarle una vena más (...) y perder de vista el gran ejemplo, de que tan necesitados están hoy los individuos y los pueblos: la fidelidad. Sería borrar la inscripción que lord Byron puso sobre la tumba de [su perro] 'Boatswain'", escribe Halcón.


De este mensaje, se podrían extraer diversas conclusiones. Por ejemplo, que Sánchez Dragó no ha sido el único gran autor que ha dedicado unas conmovedoras líneas a su desaparecida mascota, pues también lo hizo lord Byron.


La portada de 'El Alcázar' sí que hace referencia a la actividad de la ONU, si bien su titular es el siguiente: "En lucha contra reloj, la Asamblea quiere resolver los problemas pendientes". Y es que aquel 11 de diciembre iba a ser la última jornada de sesiones de la organización internacional hasta varios meses después. De este modo, prosigue el que fuera órgano de expresión requeté: "Cuando ya sólo le quedan a la Asamblea General de las Naciones Unidas escasas horas para resolver las cuestiones que le encomendó el organismo internacional, sigue mostrándose incapaz de realizar su tarea, como durante los tres meses pasados". La única referencia a la Declaración llega en las tres últimas líneas del artículo (de un total de 26).

Portada de 'Arriba' (12-12-1948).


Por su parte, la portada del 'Arriba' es algo más generosa con el asunto, ya que, en su edición del día 12 de diciembre, la noticia de cabecera trata sobre el "Cierre de la tercera asamblea de la ONU", y, en el subtítulo, añade: "82 días de debates para aprobar la condena del genocidio y la Declaración de los Derechos Humanos". Sin embargo, el resto de la noticia hace más bien escasas menciones a la Declaración.


¿Y qué pasaba mientras en los medios internacionales? ¿Acogieron la noticia con igual tibieza? La portada de 'The New York Times' tampoco hace un despliegue informativo descomunal, aunque aborda de frente el asunto, con el siguiente titular de portada: "La Declaración de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea de Naciones Unidas". Esta información, sumando el espacio de portada y páginas interiores, alcanza una extensión de 144 líneas.


Para comprender la continencia informativa española tal vez sea necesario rescatar algunos apuntes del panorama internacional, ya que los ánimos entre España y los países europeos andaban bastante caldeados tras la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, como describe Santos Juliá en 'La España del siglo XX', en 1946 Francia había cerrado su frontera con España. Mientras, la ONU, en una resolución de 12 de diciembre del mismo año, había vetado el ingreso de España y recomendado la retirada de embajadores, que hicieron uno tras otro las maletas excepto los de Portugal, Argentina y el Vaticano.

Portada del 'The New York Times', con la referencia a la declaración destacada (11-12-1948).


Al mismo tiempo, y aunque en apariencia contradictorio, era evidente el afán de las autoridades franquistas de intentar subirse al carro de los organismos internacionales, una intención que recibió un importante espaldarazo en 1947, cuando la diplomacia de Estados Unidos optó por apoyar al régimen de Franco con objeto de incluirlo en su nueva estrategia de guerra fría contra el comunismo. Así, el apoyo estadounidense suavizó, poco a poco, el camino a España. Años más tarde, el 15 de diciembre de 1955, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó a favor del ingreso de España. De este modo, la Declaración de los Derechos Humanos llegó en un momento, 1948, en el que las relaciones entre el régimen de Franco y los países europeos aún eran tensas, lo que explica la poca repercusión y el criticismo hacia los acontecimientos y las decisiones relacionados con Naciones Unidas.


En todo caso, aún queda por explicar la razón por la que, al margen de los intereses del régimen, la prensa española no se hizo apenas eco de la noticia. El historiador Juan Pablo Fusi aporta una explicación cuando se refiere a la Ley de Prensa de 22 de abril de 1938, en vigor hasta 1966, con la que "la prensa experimentó una radical regresión". Este historiador añade que "el régimen de Franco se dotó de un importante aparato de medios de comunicación de propiedad pública y a su servicio. (...) Más aún, la prensa —tanto estatal como privada— iba a funcionar sobre la base de la censura previa y consignas oficiales: la ley de 1938 reservó al Estado incluso el derecho a designar los directores de todos los medios de comunicación, públicos o privados, derecho que se ejercitó hasta con los grandes diarios independientes como 'ABC'". Tal vez, este repaso histórico contenga, en sí mismo, una explicación de por qué es necesario reivindicar días como el de la Declaración de los Derechos Humanos, y de por qué es preferible la sobredosis informativa actual ante el silencio absoluto de 1948.



domingo, 30 de noviembre de 2008

La búsqueda continúa



Escrito por: Staff

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Foto de Stephen Alvarez

¿Qué es lo que realmente sabemos acerca del antiguo asentamiento del Pacífico?

Primero que nada, es importante entender lo que los arqueólogos han delineado para el antiguo asentamiento del Pacífico. Queda bastante claro que los primero humanos que llegaron a Australia, Nueva Guinea y las islas inmediatamente al este fueron algunos de los primeros humanos en salir de África. Esto sucedió hace aproximadamente 40 000 años, cuando los neandertales todavía ocupaban Europa. Esa región de Pacífico, Nueva Guinea y las pequeñas islas se llama Oceanía Cercana. La gente vivió en relativo aislamiento después de ese periodo por los siguientes 35 000 años, lo cual es verdaderamente impresionante. Luego hubo una segunda fase de migración de humanos hace aproximadamente 3 300 años: venían de Asia y, además, aparece un distintivo estilo de cerámica llamado lapita.

Los lapitas parecen ser los ancestros de los polinesios y los micronesios. Ellos asentaron las islas que en ese tiempo estaban inhabitadas y llegaban hasta el centro del Pacífico. Lo que la genética puede contribuir a esta prehistoria es saber cómo la gente interactuó, el tipo de mezcolanza de raza que sucedió durante esos intervalos. Por ejemplo, podemos ver que hay unas mutaciones bastante antiguas que ocurrieron y se limitan a esta parte del Pacífico, es decir, Nueva Guinea y las islas inmediatamente al este, así como también Australia.

¿Qué ha contribuido la genética a este panorama?

Hasta este punto hemos tenido dos tipos de evidencia genética que han estado en semiacuerdo con algunas de estas cosas. Primero está el cromosoma Y, el cual se hereda de los hombres, y el segundo es la mitocondria ADN, la cual se hereda a través de las mujeres. Por lo que, mientras que se está en acuerdo general acerca de estas tempranas y tardías migraciones a la zona, hay un poco de desacuerdo entre las dos líneas de evidencia genética acerca de la composición de los polinesios, de qué tanta influencia melanesia hubo y qué tanta influencia asiática retuvieron. Y es ahí donde algunas de estas viejas nociones de “tren rápido fuera de Taiwán”, apoyada por la evidencia de la mitocondria, contra la especie de barco lento que recogió a un gran número de inmigrantes melanesios, lo cual se apoya por el cromosoma Y, se han involucrado. Pero yo creo que realmente tenemos que darnos cuenta de que, a fin de cuentas, es la arqueología la que nos da el marco temporal real para todas estas cosas.

Entonces, ¿qué es lo que sus nuevos estudios genéticos sugieren acerca de todo esto?

Lo que nuestros nuevos datos genéticos, de cientos de diferentes marcadores genéticos heredados tanto de padres como de madres, muestran de forma muy clara es que los polinesios y los micronesios están estrechamente relacionados a los aborígenes de Taiwan y a los asiáticos del Este, quienes tiene muy poco que ver en términos de mezcla con los melanesios mientras pasaron a través de esa zona. Y, francamente, fue una verdadera sorpresa. Sabemos que hubo mucho intercambio cultural y lingüístico entre la gente mientras interactuaban en las islas, pero aparentemente no mucho en cuanto a genes. Es por eso que yo creo que, si nos vemos en la necesidad de hablar de trenes y barcos y metáforas de ese tipo, creo que la arqueología dice que fue un tren veloz que se originó en los alrededores de Taiwán, y nuestros datos sugieren que había muy pocos pasajeros que se subían y bajaban en el camino. La otra cosa que cabe mencionar es que nuestro trabajo realmente demuestra qué tan increíblemente diferenciadas están las diferentes poblaciones de Melanesia unas de otras, y esto es algo que la gente tiende a pasar por alto.

Persia, antigua alma de Irán

Persia, antigua alma de Irán
En una escalinata de Persépolis, un león derriba un toro: antigua metáfora intercultural del poderío real.
Foto de Simon Norfolk

Un glorioso pasado inspira a una nación en conflicto

Lo más impresionante de las ruinas de Persépolis, ciudad persa al sur de Irán incendiada tras la conquista de Alejandro Magno, es la ausencia de imágenes violentas en lo que queda de sus muros de piedra. Los bajorrelieves muestran soldados que no combaten, armas enfundadas: en suma, emblemas que sugieren un pasado muy humanitario, grupos de individuos de distintas nacionalidades congregados pacíficamente. En una era afamada por su barbarie, parecería que Persépolis fue un asentamiento bastante cosmopolita y, para muchos iraníes modernos, las ruinas son un imponente recordatorio de lo que fueron e hicieron sus antepasados.

El registro histórico del país se remonta a 2500 años y culmina en la actual República Islámica de Irán, surgida en 1979 luego de una revolución inspirada en gran medida por clérigos conservadores que expulsaron al sha, apoyado por Occidente. Se trata muy posiblemente de la primera teocracia constitucional del mundo moderno y, a la vez, de un grandioso experimento: ¿Es posible dirigir a un país de manera eficaz con religiosos que imponen una versión extrema del islam a un pueblo empapado de un rico pasado como el persa?

Aunque fue un imperio, Persia también es considerada, en cierta medida, como una de las civilizaciones más gloriosas y benevolentes de la antigüedad y, por ello, me preguntaba cuán identificado estaba el pueblo con el aspecto de su historia que ilustran los frisos existentes. De modo que, durante dos visitas el año pasado, me dediqué a explorar el significado del gentilicio “persa” para los iraníes, quienes sufrían el repudio de la comunidad internacional, cuya cultura ha sido satanizada por el cine occidental y cuyos líderes, en la creciente guerra verbal con Washington, D. C., son representados como peligrosos terroristas en potencia, decididos a construir “la bomba”.

Es imposible definir la identidad iraní como lo uno o lo otro pues, en términos generales, es una paradoja en la que coexisten elementos persas, islámicos y occidentales. No obstante, hay una identidad persa que nada tiene que ver con el islam y que, al mismo tiempo, se ha fusionado con la cultura islámica. Además, quería hacer un reportaje sobre los iraníes que, al menos en parte, conservan un vínculo con sus raíces persas. ¿Acaso quedan vestigios de la naturaleza persa, tan amante de la vida (y del vino, el amor, la poesía y el canto), entreverados en la trama de abstinencia, oración y fatalismo que solemos relacionar con el islam?

SUPERVIVENCIA AL ESTILO PERSA

Teherán, la capital iraní, es una metrópoli bulliciosa y contaminada al pie de los Montes Elburz. Muchos de sus edificios están construidos con diminutos ladrillos claros y circundados por barandillas de metal que les confieren el aspecto de pequeños complejos alineados uno tras otro y separados sólo por nuevos proyectos de construcción y parques. La ciudad conserva algunos jardines hermosos, parte del legado persa, así como cotos privados con árboles frutales, aviarios y estanques ornamentales para peces, todo ello floreciendo entre los muros de ladrillo.

Durante mi estancia, habían arrestado a dos académicos estadounidenses de origen iraní que volvieron para visitar su patria, acusados de fomentar una “revolución de terciopelo” contra el gobierno. Y, aunque finalmente fueron liberados, algunos estadounidenses preguntaron si no temía encontrarme en Irán, sin duda, con base en la suposición de que también corría el riesgo de terminar en la cárcel.

Sin embargo, estaba allí como huésped y en Irán los invitados gozan de la consideración más alta, de los frutos más dulces y los sillones más mullidos: todo ello gracias a un complejo sistema de cordialidad ritual llamado taarof, que rige las sutilezas de la vida iraní. Hospitalidad, cortejo, asuntos familiares, negociaciones políticas: taarof es un código tácito para las relaciones interpersonales. El vocablo deriva de la raíz árabe arafa, que significa conocer o adquirir conocimiento de algo, pero la idea de taarof (humillarse para enaltecer a la otra persona) es un principio puramente persa, explicó William O. Beeman, antropólogo lingüista, quien describe el concepto como “una competencia de humildad”, aunque de exquisita elegancia y que hace posible que “las personas, paradójicamente, se traten como iguales” dentro de la estricta jerarquía social iraní. La gente, en todas partes, se esforzaba por halagarme y asegurar que todas mis necesidades quedaran satisfechas. No obstante, el esfuerzo de complacerme era a veces tan evidente y rechazaban tantos de mis ofrecimientos (también de manera obvia) que me daban la impresión de que ocultaban sus verdaderas intenciones. En el taarof se require en un alto grado de intuición y diálogos amables y superfluos en los que ambas partes intercambian súplicas y negativas hasta que se revela la verdad.

Mostrarse refinados y aparentemente sinceros, sin manifestar los verdaderos sentimientos (lo que podríamos llamar un fingimiento artístico), se considera la máxima expresión de taarof y una destreza social muy deseable. “Jamás revele su intención o su verdadera identidad –aconsejó un antiguo prisionero político iraní, quien hoy radica en Francia–. Evite exponerse al riesgo, porque nuestra historia siempre ha estado plagada de peligros”.

GEOGRAFÍA ES DESTINO

Es indiscutible que la extensa historia iraní está saturada de guerras, invasiones y mártires, incluidos los valerosos adolescentes que, durante la guerra contra Irak en los años ochenta, para despejar los campos minados, caminaban en ellos llevando consigo unas llaves de plástico para abrir las puertas del cielo. El motivo subyacente a semejante sacrificio es la ubicación. Si trazamos líneas imaginarias del Mediterráneo a Beijing, de Beijing a El Cairo o de París a Delhi, todas cruzarán el territorio de Irán, que se extiende en la región donde Oriente se encuentra con Occidente.

Y debido precisamente a su riqueza y ubicación estratégica, el país sufrió la devastación de incontables invasiones, de tal suerte que el Imperio Persa fue establecido, perdido y restablecido en varias ocasiones (por aqueménidas, partos y sasánidas) antes de sucumbir finalmente. Entre sus invasores, que incluyeron a los turcos y a Gengis Khan y sus mongoles, los más importantes fueron las tribus árabes que, enardecidas por el fervor de la nueva religión islámica, sometieron para siempre al antiguo Imperio Persa en el siglo VII de nuestra era y dieron paso a un periodo de grandeza musulmana que fue claramente persa. La expansión árabe se considera una de las migraciones más importantes de la historia, y Persia estaba en el camino. No obstante, los iraníes se obstinaron en mantener una identidad distinta de la del resto del mundo árabe y musulmán. “Irán es una nación muy grande y antigua –explicó Youssef Madjidzadeh, prominente arqueólogo iraní– y por ello no es fácil cambiar el sentir y la identidad del pueblo”.

De allí que, por ejemplo, les guste afirmar que cuando el país fue invadido, los iraníes no se asimilaron a los invasores sino todo lo contrario: los conquistadores se “hicieron persas”, como sucedió con Alejando Magno quien, luego de saquear el derrotado imperio, adoptó sus costumbres culturales y administrativas, se casó con una mujer persa (Roxana) y ordenó que miles de sus soldados hicieran lo mismo durante una ceremonia multitudinaria. Los iraníes se enorgullecen especialmente de su capacidad para mantener buenas relaciones con otros pueblos, adoptando aspectos compatibles de la cultura invasora sin necesidad de abandonar la propia. Esta adaptabilidad cultural es la esencia de la identidad persa.

BIENVENIDOS A ARATTA

Se sabe que los asentamientos humanos más antiguos de Irán surgieron hace por lo menos 10 000 años y, de hecho, el nombre del país deriva de los arios que emigraron a la región a partir de 1500 a. C. Aunque todavía no han excavado todas las capas de civilización dispersas en decenas de millares de sitios arqueológicos, en el año 2000 tuvo lugar un hallazgo que causó gran expectación cerca de la ciudad de Jīroft, en el sureste de Irán, donde las inundaciones repentinas en las márgenes del río Halil dejaron expuestas miles de tumbas antiguas. La excavación se inició hace apenas seis temporadas y todavía no hay mucho que ver. Sin embargo, han encontrado interesantes artefactos (como una cabeza de cabra en bronce, que data de unos cinco mil años) y algunos opinan que Jīroft podría ser un primitivo centro de civilización contemporáneo de Mesopotamia.

El sitio está a cargo del arqueólogo Youssef, autoridad sobre el tercer milenio a. C., quien fue director del departamento de arqueología de la Universidad de Teherán hasta que la revolución lo dejó sin empleo y tuvo que emigrar a Francia. El especialista opina que podría tratarse de la famosa tierra de Aratta, surgida en la Edad de Bronce (alrededor de 2700 a. C.) y célebre por las magníficas creaciones que llegaron hasta Mesopotamia. No obstante, hasta ahora no hay pruebas concluyentes, y otros estudiosos se muestran escépticos. ¿Qué hace falta encontrar para que resuelvan el asunto definitivamente? Youssef rió con un dejo de ironía. “El equivalente a un arco labrado que anuncie: ‘Bienvenidos a Aratta’”.

Las posibilidades de realizar excavaciones en miles de sitios inexplorados son desalentadoras pues, en Irán, el precio de los alimentos es muy elevado; no hay suficientes empleos; la burocracia es inescrutable, enorme e ineficaz, y la corrupción gubernamental (según la descripción de tres personas distintas) es un “secreto a voces”, está “peor que nunca” y se ha “institucionalizado”.

“Hay muchas carencias en el país –apuntó Youssef–, y dudo que la arqueología sea una prioridad”. Pero desde los acontecimientos en Jīroft, “todas las provincias tienen interés en excavar y cada aldea quiere darse a conocer por todo el mundo, igual que Jīroft. Es una cuestión de orgullo, de gran rivalidad”.

Youssef se arrellana cómodamente en un sillón tapizado con piel sintética en la oficina de su editor y reflexiona sobre las causas de la idiosincrasia iraní. Como en muchas otros casos, concluye, la geografía ha sido un factor determinante porque, cuando los iraníes eran avasallados una y otra vez, “¿adónde podían ir? ¿Al desierto? No tenían dónde esconderse”. Así que optaron por quedarse, mantener buenas relaciones, fingir y hacer taarof. “Son costumbres muy arraigadas”.

NOSTALGIA DE SUPERPOTENCIA

Un legado de la antigüedad que ejerce tremenda influencia en la psique nacional es que los conceptos de libertad y derechos humanos bien pudieron originarse no en la Grecia clásica sino en Irán –incluso ya en el siglo VI a.C.– bajo el régimen del emperador aqueménida Ciro el Grande, quien estableció el primer Imperio Persa y sentó las bases para convertirlo en el reino más grande y poderoso de la Tierra. Entre otras cosas, se afirma que Ciro liberó a los judíos esclavizados en Babilonia en el año 539 a. C. y los envió de vuelta a Jerusalén para que reconstruyeran su templo con dinero que él proporcionó, fundando así lo que se ha llamado como el primer imperio de tolerancia cultural y religiosa del mundo. A la postre, el Imperio Persa consistía en más de veintitrés pueblos distintos que coexistían en paz bajo un gobierno central, localizado originalmente en Pasargadas, un reino que, en su cenit y bajo la tutela de Darío, sucesor de Ciro, se extendía del Mediterráneo al río Indo.

En consecuencia, podríamos afirmar que Persia fue la primera superpotencia mundial.

“Sentimos nostalgia de volver a ser una superpotencia –confiesa Saeed Laylaz, analista económico y político de Teherán–, y las ambiciones nucleares del país tienen relación directa con ese anhelo”. El país sigue enriqueciendo uranio con el argumento de que sólo desea producir combustible para sus plantas de energía nuclear, pero se sabe que el uranio enriquecido es también un ingrediente primordial para la bomba nuclear.

Como disuasión, Naciones Unidas ha impuesto sanciones económicas cada vez mayores, pero el presidente Mahmoud Ahmadinejad, conservador de línea dura, no cede y al mismo tiempo lanza críticas amenazadoras contra el cercano Israel y niega el holocausto.

“Alguna vez el país tuvo el triple de la superficie actual y fue una superpotencia estable durante más de mil años”, informó Saeed. Antaño, el imperio abarcó los territorios actuales de Irak, Pakistán, Afganistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Turquía, Jordania, Chipre, Siria, Líbano, Israel, Egipto y la región del Cáucaso. “Las fronteras han cambiado con el transcurso de los siglos, pero esta nostalgia de superpotencia, que tanto se contradice con la realidad –prosiguió–, se debe a la historia”.

Y el fundamento de esa nostalgia es nuevamente Ciro y, en particular, algo denominado el Cilindro de Ciro (tal vez el artefacto más venerado de Irán), hoy albergado en el Museo Británico de Londres y del cual se conserva una réplica en la sede de Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York. El cilindro parece una mazorca de barro inscrita con un decreto en signos cuneiformes, el cual se ha descrito como la primera carta patente de derechos humanos, con una antigüedad que antecede en 2000 años a la Magna Carta Liberatum. Puede interpretarse como un llamado a la libertad religiosa y étnica, pues prohibía toda forma de esclavitud y opresión, la toma de propiedades por la fuerza o sin compensación y daba a los Estados integrantes el derecho de someterse o no a la corona de Ciro. “Nunca elijo la guerra para reinar”.

“Para conocer Irán y lo que es en realidad, basta leer esa declaración de Ciro –señaló Shirin Ebadi, abogada iraní galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2003–. La grandiosidad del cilindro se ha manifestado muchas veces en Irán pero el mundo no lo sabe –explicó–. Cuando viajo al extranjero, la gente se sorprende mucho al enterarse de que 65 % de nuestros estudiantes universitarios son mujeres, o al ver pinturas y ejemplos de la arquitectura iraní. Juzgan nuestra civilización sólo por lo que han oído en los últimos 30 años”: la revolución islámica; la limitación de las libertades personales, sobre todo para las mujeres; el programa nuclear; y el antagonismo con Occidente. Pero nada saben de los milenios precedentes, agrega; de lo que padecieron los iraníes para mantener su identidad durante las invasiones ni lo que hicieron para conseguirla.

Por ejemplo, dijo, luego de la llegada de los árabes y la conversión al islam, “con el tiempo nos adherimos a la secta chiita, distinta de la de los árabes, que son sunitas”. Seguían siendo musulmanes aunque no árabes. “Éramos iraníes”.

De hecho, lo primero que dijeron muchos cuando pregunté qué querían dar a conocer al mundo fue: “¡No somos árabes!”, exclamación seguida inmediatamente por: “¡No somos terroristas!”. En general, piensan que los árabes que conquistaron su país eran vulgares beduinos que vivían en carpas, sin más cultura que la adquirida en Irán y, a juzgar por la vehemencia con que aún los critican, podría pensarse que la invasión ocurrió la semana pasada en vez de hace 14 siglos.

Mi amigo iraní, un maestro de inglés llamado Ali, me explicó que la pérdida del imperio todavía era una pesada carga para la conciencia nacional. “Antes de que vinieran, éramos una potencia grandiosa y civilizada”, afirmó mientras conducíamos a su casa en las afueras de Shiraz, esquivando motocicletas y conductores temerarios. Y luego, repitiendo un adoctrinamiento muy generalizado, aunque bastante discutible, añadió: “Quemaron nuestros libros, violaron a nuestras mujeres y no pudimos hablar farsi durante 300 años so pena de cortarnos la lengua”.

EL CULTO DE FERDOUSÍ

Sin embargo, los iraníes nunca renunciaron al farsi pues, aunque la lengua nacional fue arabizada en cierta medida, el antiguo persa sigue siendo su raíz. El hombre que recibe el crédito de haber salvado de la extinción tanto la lengua como la historia nacional es un poeta del siglo X llamado Ferdousí, algo así como el Homero de Irán. Los iraníes idolatran a sus poetas, Rumi, Sa‘id, Omar Khayyám, Hāfez (cuyas obras se consideran guías para el amor y la vida, y son tanto o más consultadas que el libro sagrado del islam, el Corán), entre otros. Cuando el pueblo se encontraba oprimido por el invasor más reciente y no podía expresarse con libertad, los poetas hablaban por todos bajo el disfraz de sus versos. “A veces los ejecutaban –informa el arqueólogo Youssef–, pero no por ello dejaban de escribir”. Por tal motivo, aunque el Irán moderno es hogar de muchas lenguas y culturas ajenas al persa (turkmeno, árabe, azerí, baluchi y kurdo, entre otras), “todos podemos hablar farsi –continúa–, que es una de las lenguas vivas más antiguas del mundo”.

El héroe-poeta Ferdousí, devoto musulmán que resentía la influencia árabe, invirtió 30 años en la redacción de una historia épica llamada Shahnameh o Libro de los Reyes, en la cual utilizó un mínimo de palabras derivadas de árabe. Su panorama de conflictos y aventuras reseña la historia de 50 monarquías (ascensos al trono, muertes, frecuentes abdicaciones y derrocamientos) y concluye con la conquista árabe, la cual describe como un desastre. Rostam, el personaje más famoso de la obra, es un caballero de valor e integridad, un salvador nacional y “héroe astuto”, señala Dick Davis, erudito persa de la Universidad Estatal de Ohio y traductor al inglés de la epopeya Shahnameh. “Los mitos iraníes se basan en las historias de Rostam –afirma–. Es así como se perciben los iraníes”.

Los relatos giran en torno a reyes rivales y héroes-defensores, los cuales siempre son moralmente superiores a los reyes a quienes sirven y encaran los dilemas de cualquier hombre de bien que vive bajo un gobierno perverso o incompetente. La obra se basa en la premisa de que quienes tienen las mejores condiciones éticas para gobernar son, precisamente, los más reacios a tomar el mando y prefieren dedicarse a los quehaceres más fundamentales de la condición humana: la naturaleza de la sabiduría, el destino del alma y el misterio de los designios divinos.

El original de Shahnameh se perdió hace mucho y sólo quedan copias, como la del museo del Palacio Golestan, de Teherán, cuya encargada, una encantadora joven de nombre Behnaz Tabrizi, despejó una amplia mesa que cubrió con un lienzo de fieltro verde. A continuación, sacó una caja negra de la caja de seguridad de una habitación blindada, equipada con controlador de clima y alarmas contra incendio y terremotos. Como suelen hacer los iraníes (cuando tienen oportunidad), realizó una pequeña ceremonia extendiendo un segundo lienzo de terciopelo rojo sobre el mantel verde. Tuve que ponerme cubrebocas para evitar que la saliva y la condensación del aliento contaminaran el manuscrito, y Behnaz se colocó un par de guantes blancos de algodón. Abrió la caja con cuidado y extrajo el libro, que data aproximadamente de 1430, y con extrema delicadeza volvió las páginas con las puntas de los dedos mientras yo estudiaba con lupa las 22 ilustraciones que componen la obra. Los dibujos representaban escenas arraigadas profundamente en la memoria cultural colectiva: un personaje amarrado a un árbol y aguardando su destino; Rostam matando, sin saber, a su hijo Sohrab durante una batalla; jinetes con lanzas combatiendo contra los invasores a lomo de elefante; todo ello ejecutado con enorme precisión e intenso colorido, utilizando tintas fabricadas con polvos de piedra mezclados con el líquido extraído de pétalos machacados.

Afirman que casi cualquiera, sin importar su nivel educativo, puede recitar poemas de Ferdousí, y a menudo organizan lecturas en universidades, viviendas o en las tradicionales casas de té.

“NO PUEDEN CONTROLAR LO QUE LLEVAMOS DENTRO”

Gracias a Ferdousí, los iraníes conservan una lengua que los unifica y diferencia del mundo exterior. Del mismo modo, se han esforzado por salvaguardar sus símbolos culturales. Tomemos el ejemplo del Año Nuevo: Nowruz, celebración de 13 días en que todos los comercios cierran sus puertas y la población se entrega a los placeres de la comida, el baile, la recitación poética y a encender hogueras sobre las que saltan. Es similar a un día de Acción de Gracias estadounidense que se lleva a cabo cerca del equinoccio de primavera para festejar la llegada de dicha estación y que conserva elementos del zoroastrismo, antigua religión estatal persa cuyas enseñanzas sobre el bien y el mal, el libre albedrío, el juicio final, el cielo y el infierno, y el concepto de un Dios todopoderoso han influido en muchas otras tradiciones espirituales, incluidas las tres más importantes del mundo: judaísmo, cristianismo e islam. Cuando llegaron los árabes, llevando consigo lo que consideraban la novedosa idea de adorar a un solo Dios, hacía más de mil años que los persas practicaban el monoteísmo.

En la actualidad algunos funcionarios ven el vínculo con la antigüedad como un foco de esperanza. “Somos un país con una historia tal que el mundo debería escucharnos –me comentó el vicepresidente iraní Esfandiar Rahim Mashaee–. Esperamos que al enorgullecernos de nuestro sitios arqueológicos el pueblo se percate de sus propias capacidades y enaltezca el espíritu nacional”. No obstante, los islamistas conservadores, que no tienen el menor interés de reavivar la identidad persa, conservan una gran influencia. El gobierno ha tratado de minimizar la importancia de Nowruz o sustituirlo con un Año Nuevo distinto, como el nacimiento del imán Ali, líder histórico de los musulmanes chiitas. “Podrán recurrir a la fuerza y arrestar a la gente –declaró mi amigo Ali–, pero nunca conseguirán eliminar Nowruz, ¡porque lo hemos celebrado desde hace 2500 años! No nos controlan en realidad, ya que no pueden controlar lo que llevamos dentro”. Sin embargo, eso no ha desalentado a los líderes iraníes ni ha evitado la interferencia de potencias extranjeras, sobre todo después de descubrir, a principios del siglo XX, que el país se encuentra sobre lo que (según cálculos del gobierno iraní) equivale a 135 000 millones de barriles en reservas petroleras convencionales comprobadas: el segundo yacimiento más grande del mundo, después del de Arabia Saudí.

Otra consideración importante es que al otro lado del golfo Pérsico, que constituye la frontera sur de Irán, se encuentra gran parte del resto del crudo mundial en los campos petrolíferos de Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Asimismo, existe una vía fluvial con forma de horquilla en el golfo, el llamado Estrecho de Hormuz, por donde cada día circula una gran parte del petróleo del mundo. Por lo anterior, Irán se encuentra en una situación singular para poner en riesgo el suministro y la distribución de crudo o vender su petróleo a cualquier otra región que no sea Occidente.

El petróleo desencadenó los sucesos de 1953 que aún causan malestar a muchos iraníes: el derrocamiento (respaldado por la CIA e instigado y apoyado por el gobierno británico) del popular primer ministro electo del país, Mohammad Mossadegh, quien expulsó a los británicos luego de nacionalizar la industria petrolera iraní (controlada hasta entonces por la Compañía Petrolera Anglo-Iraní, más tarde conocida como BP), medida que orilló a los británicos a poner en práctica un bloqueo económico. Con la Guerra Fría en marcha y el bloque soviético al norte de Irán, Estados Unidos comenzó a temer que el surgimiento del comunismo en Irán, auspiciado por la entonces Unión Soviética, rompiera el equilibrio del poder mundial poniendo en jaque los intereses occidentales en la región. Se dice que aquel golpe de Estado, denominado Operación TP-Ajax, fue el primero perpetrado por la CIA (Kermit Roosevelt, Jr., nieto del ex presidente estadounidense, dirigió el operativo y H. Norman Schwarzkopf, padre del comandante de la guerra del golfo Pérsico, contribuyó a convencer al sha para que hiciera su parte. La base de operaciones fue la embajada estadounidense en Teherán, futuro “nido de espías” para los iraníes donde, en 1979, tomaron 52 rehenes estadounidenses). El resultado fue que el sha Mohammad Reza Pahlevi fue reinstaurado en el poder, los derechos comerciales sobre el petróleo volvieron a manos principalmente británicas y estadounidenses, y Mossadegh fue encarcelado y luego puesto bajo arresto domiciliario hasta su muerte, en 1967.

Para iraníes como Shabnam Rezaei, creadora de la publicación en línea Persian Mirror, que promueve la identidad cultural de su país, la Operación TP-Ajax preparó el terreno para las décadas de opresión y fundamentalismo islámico posteriores. “Si nos hubieran permitido tener un gobierno democrático –comentó– nos habríamos convertido en la Ciudad de Nueva York de Medio Oriente o, mejor aún, de toda Asia. Un centro de finanzas, industria, comercio, cultura y mentalidad moderna”.

POR AMOR A DIOS

El sha explotó la identidad persa en provecho propio. Puso énfasis en la promoción de Persépolis y Ciro en tanto que, al mismo tiempo, introducía la música, el vestido, las costumbres y los intereses occidentales en su país. Uno de sus intentos para generar el orgullo nacionalista (que no sólo fracasó sino que contribuyó a volver la opinión pública en su contra) fue la ostentosa celebración organizada en 1971 para conmemorar los 2500 años de la monarquía persa. Para ello construyó una fastuosa ciudad de carpas frente a la entrada de Persépolis y redactó una lista de invitados que incluía a dignatarios de todo el mundo, aunque apenas un puñado de iraníes.

La visión del sha, que implicaba una modernización excesiva y demasiado rápida, terminó por enfurecer a los iraníes.

“Querían occidentalizarnos –aseguró Farin Zahedi, profesora de arte dramático de la Universidad de Teherán–. Pero sólo superficialmente, porque el pueblo no entendía la cultura occidental”. Para los iraníes, aquello fue un ataque cultural que provocó protestas en la prensa y manifestaciones callejeras. Conforme la paranoia del sha se agravaba, más represiva se volvía su policía secreta (SAVAK, creada en 1957 con la ayuda de asesores estadounidenses e israelíes). Aseguran que SAVAK ejecutó a centenares de personas; que muchas otras fueron encarceladas, torturadas y exiliadas; y que el ejército mató a más de mil durante las manifestaciones. De tal suerte que, cuando a fines de los setenta del siglo XX, el ayatolá Ruhollah Jomeini habló de liberar al pueblo de ese nuevo yugo, los iraníes se dejaron seducir por su elocuencia y rectitud moral, y durante un tiempo el resurgimiento de la religión tras el implacable modernismo del sha fue recibido como una purificación.

Sin embargo, los iraníes no son religiosos por naturaleza, en cuestión de asistir a la mezquita y ayunar. “Su alma y espíritu son poderosos –asegura un vendedor de alfombras llamado Arsha–, pero no es lo mismo”. Y persiste la tendencia de seguir el modelo zoroástrico de la antigüedad, que desdeña las reglas y de la supuesta necesidad de intermediarios, como un ulema, para conocer a Alá. El viaje espiritual es más interior y está apegado al antiguo proverbio persa “El conocimiento de uno mismo es el conocimiento de Dios”.

De modo que, aun cuando los iraníes fueron los primeros en aceptar la idea de una mayor participación del islam en la vida pública, no estaban preparados para que les fuera impuesto con todo el rigor, sobre todo considerando la indicación específica del Corán acerca de que “no hay obligación en la religión”. Nunca imaginaron que los clérigos se apropiarían del comercio, la administración gubernamental, las cortes y la vida cotidiana, al extremo de regir actividades como usar el sanitario o las relaciones sexuales. El nuevo régimen puso en vigor castigos públicos que evocaban tiempos muy primitivos: lapidaciones, ahorcamientos y amputación de dedos y extremidades. Y aunque ahora desalienta algunas de esas costumbres arcaicas, los empecinados ulemas conservadores de las provincias se aferran a la tradición argumentando el objetivo espiritual de servir a Alá y preparar el camino hacia el paraíso.

“¡Quieren obligarme a ir al cielo!”, se quejó Ali. Una noche, en su casa, media docena de sus amigos se sentaron en círculo y compartieron conmigo lo espantoso que era vivir cautivos de un ambiente de temor y clandestinidad, sin saber jamás si un conocido o pariente se había visto obligado a rendir informes de lo que alguno de ellos pensaba, decía y hacía. “Los ayatolás y el pueblo común, todos tienen que fingir –apuntó el Señor D, un cerrajero de dulce hablar y enorme mostacho–. Nunca se sabe quién dice la verdad, ni quién es realmente religioso o no”. Los persas tienen un viejo adagio: “En las paredes hay ratones y los ratones tienen orejas”.

LA GENERACIÓN REVOLUCIONARIA

¿Cuáles han sido las consecuencias de la revolución en la identidad persa? Parece haber ocurrido algo típicamente iraní. Las puertas a Occidente permanecieron cerradas durante una década y los clérigos conservadores que dirigían el gobierno se esforzaron en minimizar toda identificación cultural previa al islam, periodo conocido en gran parte del mundo musulmán como Jahiliya, la edad de la ignorancia. Cuando era posible, toda referencia a Irán en los documentos oficiales era sustituida por alusiones al islam; los símbolos del zoroastrismo fueron remplazados por los del islam; renombraron calles y las referencias al Imperio Persa desaparecieron de los libros de texto. Durante un tiempo pareció que incluso destruirían la tumba de Ferdousí, gran mausoleo de piedra blanca en las afueras de la ciudad santa de Mashhad, con un magnífico espejo de agua que conduce a la entrada y cantarinas aves correteando entre sus columnas. La propia Persépolis corría el peligro de ser derruida. “Pero se dieron cuenta de que unirían al pueblo en su contra –explicó Ali– y tuvieron que desistir”.

Los iraníes recibieron con beneplácito la eliminación de toda la chatarra cultural de Occidente, señaló Farin, la profesora de arte dramático. “Pero pronto comprendimos que la identidad que el gobierno trataba de imponernos tampoco era la nuestra”. Con la confusión resurgieron algunos “elementos de la cultura antigua”, como música tradicional, pinturas persas y lecturas de las obras de Ferdousí. “Lo que llamamos ‘el imperio olvidado’”.

En esa ocasión nos acompañaba un joven rapero underground persa de nombre Yas. Se había peinado el negro cabello en puntas erizadas, lucía largas patillas y hermosas cejas que parecían dos bananas negras; al cuello llevaba un fravahar de plata, disco alado del zoroastrismo que representa el ascenso del alma mediante buenos pensamientos, palabras y obras. Yas forma parte de la Generación de la Revolución, surgida en 1979 y equivalente a una tercera parte de la población de 70 millones. A veces descritos como individuos cínicos y sin fe en el futuro (“una generación quemada”, como dijera el cineasta curdo Bahman Ghobadi), estas personas abandonan el país cada vez en mayores números para establecerse en Europa y otros lugares. Aunque algunos poseen una rica conciencia de su pasado persa, al mismo tiempo respaldan el principio de la unidad islámica; otros se consideran sólo persas o sólo musulmanes; y unos más se sumergen en la cultura occidental gracias a la programación televisiva que reciben en sus antenas satelitales ilegales. “Son esquizofrénicos”, afirmó Farin.

El rap de Yas habla de poetas y antepasados persas, y de la historia de Irán. Una de sus grabaciones más populares, “Mi identidad”, es una reacción a la película 300, que relata la famosa batalla de las Termópilas entre los espartanos y los llamados inmortales persas. “Representan a los griegos como hombres heroicos, inocentes y civilizados –se lamentó Yas– y a los persas como espantosos salvajes que combatían injustamente”. La cinta provocó una serie de airadas críticas por parte de los iraníes, tanto nacionales como en el extranjero, quienes la consideraron un ataque cultural. Por ello, a manera de protesta, Yas escribió una canción sobre Persépolis y Ciro en la que, al mismo tiempo, reprende a sus compatriotas por dormirse en los laureles de la gloria pasada.

Lo irónico es que la revolución islámica, que los iraníes a veces llaman la “segunda invasión árabe”, parece haber fortalecido los vínculos con la antigüedad que el gobierno ha tratado de cercenar. Un ingeniero civil llamado Hashem me contó de una reciente conmemoración improvisada en la tumba de Ciro. La gente comenzó a enviarse mensajes de texto por teléfono celular y unas dos mil personas se presentaron “por coincidencia” en el lugar para comprar varias entradas y así apoyar la restauración de la tumba. Fue una celebración informal, sin discursos ni ceremonias. “Sólo para honrar a Ciro y demostrar nuestra solidaridad”.

Como dijo Farin, sacudiendo la cabeza inclinada con aire melancólico, “nuestra identidad sufre ataques constantes y la respuesta siempre ha sido volver a nuestra más íntima identidad. En cada iraní hay un emperador o una emperatriz. De eso no debe caber la menor duda”.

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Marguerite del Guidice escribió sobre Islandia en la edición de marzo 2008.

jueves, 27 de noviembre de 2008

ALEJANDRIA LA CIUDAD DE LAS MARAVILLAS


Punto de encuentro entre Oriente y Occidente, capital del Mediterráneo, Alejandría iluminó con su Faro y su Biblioteca la cultura del mundo antiguo. Hoy, los últimos hallazgos de los arqueólogos están sacando a la luz su glorioso pasado sumergido bajo las olas del Puerto Magno. Junto a este reportaje te mostramos las asombrosas imágenes del trabajo de los arqueólogos submarinos.


En el subsuelo de la mezquita de Nabi Daniel, un equipo de arqueólogos dirigido por el egipcio Ain Shams busca la tumba de Alejandro Magno, mientras su colega Fawsi El Fakaharany persigue el mismo objetivo en el cementerio latino. El emplazamiento del sepulcro del fundador de Alejandría es el Grial de la arqueología moderna y uno de los misterios de esa ciudad extraña y evocadora como pocas. Hoy, la Corniche –su famoso paseo marítimo– se llama Sharia 26 de Julio y es el mejor escaparate de la caótica vitalidad y el proceso de islamización que afecta a la urbe. En las desconchadas fachadas de sus edificios decimonónicos de estilo europeo cuelgan enjambres de cables eléctricos que amenazan causar un incendio como el que destruyó la biblioteca hace 2.000 años. Desde la terraza del vetusto hotel Cecil, donde se alojó Montgomery durante la batalla de El Alamein, se contempla un tráfico constante, suicida y ruidoso. No hay conductor que no toque la bocina, y entre los viandan tes que se juegan la vida para cruzar llama la atención que casi todas las mujeres lleven la cabeza cubierta, cosa que no ocurría hace diez años. La Alejandría cosmopolita de Durrell y Cavafis no existe. Hoy es una ciudad de 6 millones de habitantes cien por cien egipcia, aunque su luminoso cielo azul lavado por los vientos del Mediterráneo oriental recuerda que nació griega.



Se levantó en el sitio ideal, accesible por mar y por el Nilo.



Alejandro Magno, que en el siglo IV a. C. disputaba con los persas la primacía mundial, necesitaba un lugar para levantar la capital de su imperio tras conquistar Siria y Egipto y lo encontró al oeste del delta del Nilo. Allí, junto a un poblado de pescadores llamado Rakotis, en una franja estrecha de terreno llano entre el Mediterráneo y el lago Mareotis, mandó construir en 332 a. C. la ciudad de Alejandría. El sitio era ideal, pues contaba con un puerto marítimo y otro lacustre para acceder al interior de Egipto a través de un canal que unía el lago con el Nilo, situado a la suficiente distancia como para que no le afectasen sus crecidas. Luego Alejandro se fue a proseguir sus campañas militares y murió en Babi lonia sin llegar a ver nunca la ciudad, aunque su cuerpo fue enterrado en ella. Alejandría quedó en manos de su general Ptolomeo, que dio nombre a la dinastía que gobernó Egipto durante tres siglos.



El arquitecto Dinócrates de Rodas diseño la ciudad según un plan hipodámico, con calles en ángulo recto y una gran avenida de 5 km de longitud y 30 m de anchura –la Vía Canópica– que la recorría de este a oeste. Un dique llamado Heptaestadio conectaba el continente con la isla de Faros y dividía el Puerto Magno u oriental del occidental.

Sobre la isla o en un islote anexo, Sostratos de Gnido levantó el famoso Faro totalmente revestido de mármol. Medía 134 m de altura distribuidos en una planta cuadrangular, otra octo gonal y una tercera cilíndri ca coronada por una hogue ra alimentada con leña subida por caballos por una rampa espiral. Ardía permanentemente y gracias a una enorme lente era “visible desde una distancia de un día de mar”, según el geógrafo ceutí Al-Idrisi.



¿Dónde estaba el Faro? ¿Es el fuerte Quaitbey la clave?

La secuencia exacta de su destrucción es un misterio, aunque parece que en el s. VIII un seísmo derribó la parte más alta y en el s. XIV se cayó todo; lo mismo sucede con su ubicación, objeto de discusión entre los dos arqueólogos franceses que actualmente trabajan en la recuperación de los restos de Alejandría. Jean-Yves Empereur cree que los bloques de piedra que él localizó sumergidos al pie del actual fuerte Quaitbey formaban parte del Faro, mientras que Franck Goddio piensa que fueron colocados después de su derrumbe para proteger la ciudad de las incursiones de los cruzados.

Sea como fuere, en la época pto - le maica Alejandría había relevado a Atenas en el liderazgo cultural de Occidente. Fue allí donde Eratóstenes calculó el tamaño de la Tierra, Euclides creó su geometría y Galeno escribió su obra médica. Mientras al puerto llegaban barcos con bronce de España, estaño de Bretaña, algodón de la India y sedas de China, Ptolomeo I mandó construir la Biblioteca y el Serapeum o templo de Serapis, dios sincrético grecoegipcio que reunía a Zeus y Apis. En la isla de Antirrodas, hoy sumergida bajo el Puerto Magno, erigió el palacio real. Sus sucesores Ptolomeo II Filadelfo y Ptolomeo III Evérgetes terminaron de embellecer la ciudad. Alejandría se pobló con egipcios, judíos, árabes, indios y griegos venidos de todo el mundo helénico. Su prosperidad dependía de las fértiles tierras situadas a orillas del Mareotis, donde crecían trigo, uvas y olivos, productos que abaste cían a la ciudad y se exportaban, como el vino alejandrino prefe rido por Hora cio y Virgilio, del que se han hallado ánforas hasta en Marsella. Un sistema de abasteci miento de agua potable del Nilo llenaba las cisternas, y el traza do rectilíneo hacía circular la brisa por las calles aliviando los calores africanos.



En tiempos de Cleopatra VII (68 -30 a. C.), la ciudad llegó a alcanzar el medio millón de habitantes. Con esa legendaria reina que trató de mantener Egipto independiente y sedujo a César y a Marco Antonio acabó la dinastía ptolemaica. En 30 a. C. las tropas de Octavio entraron en Alejandría, Cleopatra y Antonio se suicidaron en el Timonium, la residencia de este último, y Egipto se convirtió en provincia romana.



De capital real a almacén de trigo del Imperio romano

La ciudad perdió su estatus de capital de reino, pero siguió siendo extraordinaria y aumentó su riqueza gracias a su posición estratégica en el comercio entre Europa, África y la India. Los roma nos hicieron de Egipto el granero del Imperio y almacenaban la cose cha anual de trigo en Alejandría, que también mantuvo su pujanza como centro intelectual donde brillaron el ingeniero Herón, el filósofo Filo de Alejandría y el geó grafo Ptolomeo. También pasó momentos difíciles, sobre todo durante el mandato de Caracalla, quien en venganza por la publicación de una sátira contra su persona envió a sus legionarios en 215 a que devastaran las calles y asesinaran a miles de personas. En 273, otro emperador, Aureliano, destruyó el Brucheión, la zona donde se ubicaban el Museo y la Biblioteca.



Los cristianos y el final de la Alejandría clásica

Durante la época romana se produjo la penetración en Alejandría del cristianismo, a partir de la predicación de san Marcos en el año 61. La vida de los cristianos egipcios, los llama dos coptos, fue especialmente difícil durante las persecuciones de Diocleciano (284-305). Sin embargo, el edicto de Constantino en 313 que permitió la libertad de culto cambió las tornas y pronto los cristianos pasaron de perseguidos a perseguidores. La Alejandría clásica empezó a tambalearse cuando el empe rador Teodosio se convir tió al cristianismo en 380 y el obispo Teófilo mandó destruir los templos paga nos de la ciudad, incluido el Serapeum. Otro obispo, san Cirilo, culminó el acoso a la cultura helenística alentando en el año 415 el asesinato de Hipatia, la científica que brilló en el campo de las matemáticas, la astronomía y la filosofía, y llegó a dirigir el Museo.

Aún con todo, el patrimonio monumental y cultural de Alejandría debía seguir siendo deslumbrante cuando los árabes la conquistaron en 642. Tras entrar con su caballería, el comandante Amr Ibn al-As mandó este despacho al califa de Arabia: “He tomado una ciudad que contiene 4.000 palacios, 4.000 baños, 400 teatros, 1.200 verduleros y 40.000 judíos”. Luego ordenó desmantelar sus murallas para mantenerla “accesible por todas partes, como la casa de una prostituta”. Fue el inicio de una paulatina decaden cia a la que contribuyeron la decisión de trasladar la capitalidad egipcia a la nueva ciudad de Fustat –la actual El Cairo–, y una serie de terremotos y maremotos que cambiaron la configuración del litoral alejandrino y echaron abajo parte de sus tesoros arquitectónicos en el siglo VIII. Frank Goddio cree que el enorme peso de los templos y palacios ptolemaicos fue una de las causas del desplome de la ciudad, levantada sobre un suelo muy blando: “el lodo nilótico está compuesto por cristales que contienen agua en su interior. Si se ejerce una presión muy grande sobre ellos, los cristales se juntan y dejan escapar el agua que, al evacuarse, hace que la tierra pierda un 50% de su volu men, por lo que todo lo que está construido encima se viene abajo”, dice el arqueólogo francés.

Emporio comercial del Mediterráneo en el Medievo

La versión más extendida hasta ahora entre historia dores y escritores ha sido que la Alejandría árabe y medieval fue poco menos que un erial invadido por las arenas del desierto. Lawrence Durrell llegó a escribir que “entre Amr y Napoleón median casi mil años de silencio y abandono”, sin embar go recientes descubrimientos dicen lo contrario, en opinión del arqueólogo Jean-Yves Empereur: “en varios yacimientos alejandri nos se han encontrado restos de mercancías procedentes de todo el mundo, desde tintes de Marruecos hasta cerámica china, que prueban que el comercio a gran escala siguió vivo en la ciudad, donde los judíos y coptos, que formaban la mayoría de la población, pudieron convivir con la nueva clase dominante árabe”. En los siglos XIV y XV el intercambio mercantil con los aragoneses, genoveses y venecianos que distribuían los productos de Oriente a través del mar Rojo fue intenso. También se desarrolló una importante industria local de seda, brocados, algodón y lana, y su puerto y almacenes fueron centro de la distribución de especias hasta que los portugueses abrieron la ruta de El Cabo en 1498.



Del declive otomano a la edad de oro de Mehmet Alí



Este nuevo itinerario alteró el tráfico marítimo internacional y asestó un duro golpe a Alejan dría, que vivió tiempos oscuros tras la conquista de Egipto por los otomanos en 1517. Hacia 1650, el canal que la unía con el Nilo dejó de ser nave gable por falta de mantenimiento y las arcas públicas estaban vacías porque los pachás desviaban el dinero de los impuestos a Estambul. Cuando Napo león llegó en 1798, Alejandría era un pueblo arruinado de 7.000 habitantes. La bahía de Abukir, a 25 km de la ciudad, fue escenario de la batalla naval entre Bonaparte y Nelson en su pugna por el control del Mediterráneo, que se saldó con la victoria inglesa y la expulsión de los franceses de Egipto. Los ingleses fueron a su vez expulsados en 1807 y comenzó para Alejandría una nueva época dorada.

El artífice de su recuperación fue Mehmet Alí (1769-1849), un alba nés de Salónica que empezó de voluntario del ejército otomano en la batalla de Abukir y llegó a líder máximo de Egipto tras ascender de forma meteórica y asesinar a los 400 líderes mamelucos a los que había invitado a una fiesta en su palacio. Admirador de Napoleón, una vez en el poder volcó su estrategia política hacia el Medi terráneo, nacionalizó tierras y proyectó presas y planes de irrigación. En Alejan dría, donde instaló su residencia, mandó pavimentar las calles y encargó al ingeniero francés Pascal Coste la reparación del canal, que fue limpia do, reconectado con el Nilo y reabierto en 1821 para proveer de agua pota ble a la ciudad. Pronto aumentó el tráfico de barcos, así como la pobla ción de diversas procedencias, que pasó de 13.000 personas en 1821 a medio millón a final del XIX. En el censo de 1907 había 359.911 egipcios, 25.393 griegos, 17.860 italianos, 10.658 ingleses y 8.556 franceses. A inicios del siglo XX se trazaron la Corniche y nuevos barrios a la europea, en cuyas villas artdecó, neobizantinas o neoclásicas se insta laron los ricos alejandrinos, la mayoría extranjeros, que gozaban de un estatus especial, no pagaban impuestos y sólo rendían cuentas a sus consulados.



Muchos se lucraron con el mercadeo de antigüedades



El tráfico de antigüedades se convirtió con el beneplácito de la administración en un negocio que dejó a la ciudad sin muchos de sus tesoros, como el obelisco de Cleopatra, enviado a Nueva York en 1879. Por otra parte, el mosaico étnico de la población dio origen a una vida artística e intelectual sin parangón. Había periódicos en varias lenguas, ópera y teatro para una comunidad internacional que usaba el francés como idioma de la vida social.



Ese mundo cosmopolita acabó cuando Egipto logró la indepen dencia en 1952 y el nacionalismo fue mermando la colonia foránea. Hoy, monumentos de falsa antigüedad como la mezquita Abu Abbas Al Mursi, edificada en 1943 sobre otra de 1769, se mezclan con las pocas ruinas de verdad que quedan en pie, como las catacumbas de Kum El- Shokaffa o el Pilar de Pompeyo. De la época clásica se mantiene también el trazado hipodámico que la hace más abierta y marinera que la mayoría de ciudades árabes, y ese aire melancólico tan parti cular que tan bien definió el escritor Naguib Mah fouz cuando llamó a Alejandría “corazón de la nostalgia”.

Luis Otero

martes, 11 de noviembre de 2008

MIRADA AL PASADO . A LOS MOLINOS DEL AGUA - AGUA QUE NO HAS DE BEBER DEJALA CORRER Y AGUA PASADA NO MUEVE MOLINO.

Molinos de agua

Uno de los molinos de agua de La Laguna, en el barrio de La Verdellada.


Por Melchor Padilla


El concejal del grupo socialista de La Laguna Yeray Rodríguez presentó el pasado 11 de septiembre una propuesta al pleno del Ayuntamiento sobre el estudio de la situación y posible rehabilitación de los antiguos molinos de agua sitos en el Barranco de la Carnicería.


Con esta propuesta dio a conocer a muchos laguneros la existencia de los restos de los dos molinos que se conservan en la margen derecha del mismo barranco, uno en el barrio del Timple y el otro en el de La Verdellada.


Sólo podemos contemplar hoy en día la obra de mamposteria del cubo de los dos molinos, que forman parte de un pasado tradicional asociado a la utilización del agua como fuerza motriz para la molienda de cereales, sobre todo para fabricar gofio.


Los molinos de agua, tan abundantes que dieron nombre a una calle de la ciudad, comenzaron a utilizarse en La Laguna desde su fundación.


Abreu Galindo afirmó en el siglo XVII que "tendrá la laguna un cuarto de legua en redondo, poco más; tiene el desaguadero (barranco) que va a la mar, en el cual muelen diez molinos y muelen cuando llueve, poco o mucho tiempo…"


Un molino estaba formado en primer lugar por el acueducto, canal o acequia que conducía el agua a los depósitos acumuladores o cubos.


Inicialmente eran de madera pero la escasez de ésta a partir del siglo XVIII hizo que se fabricaran de piedra y mortero de cal.


Con los mismos materiales se elaboraba también el cubo, que tenía por objeto servir de depósito acumulador.


Por diferencia de alturas entre la entrada y salida del agua, producía la potencia suficiente para mover las ruedas hidráulicas.


Por último, en el salón del molino se encontraba la máquina que mediante dos piedras, una fija y otra móvil, molía el grano.


El agua pasaba por varios molinos y proporcionaba la energía necesaria para triturar el trigo.

Luego seguía bajando y era aprovechada en los lavaderos y abrevaderos, para finalmente destinarse al riego.

Para conocer cómo eran estos molinos podemos trasladarnos a otros lugares de la isla en los que todavía permanecen algunos en mejor estado de conservación.


Aunque quedan ejemplos en Arafo y en Icod, es en Güímar y sobre todo en La Orotava donde podemos apreciar la complejidad de aquellas obras hechas para la molienda del alimento básico de la población canaria.



En Güímar el conjunto de molinos más importante se encuentra en el barrio de San Pedro de Arriba, en el lugar conocido como Chacaica (en la imagen de la derecha).


Allí hay tres -el de Arriba o Trasmuros, el Medio y el de Abajo-, cuyo cubo está formado por varios cilindros superpuestos y decrecientes en diámetro, fabricados en mampostería, con una forma semejante a un cono escalonado.


El Molino de Arriba sólo conserva el cubo por cuyo interior bajaba el agua, mientras que los otros dos molinos mantienen esta pieza y una parte de la canalización que conducía el agua hasta la misma, sostenida por una arquería de medio punto.


El Molino de Abajo muestra huellas de una reciente restauración por parte de su propietario.


Por debajo de éste se encuentra una fuente con cinco caños y unos lavaderos.


El agua proveniente de otro molino situado más arriba, el de La Menora, se canalizaba por una atarjea hasta el primer molino, donde movía las palas de la rueda.


A continuación salía hacia el segundo, en el que se repetía el proceso para acto seguido continuar hasta el tercer molino.


Luego, esa misma agua seguía hasta la fuente para su utilidad pública y a los lavaderos situados más abajo.


Por fin, unas tanquillas permitían a los cañeros distribuir el agua para riego.


Como puede apreciarse, se trataba de un uso muy racional de un bien que siempre ha sido muy escaso en las islas.


En La Orotava (a la izquierda, el interior de uno de sus molinos) caudales de Aguamansa, que se canalizaban a través de una acequia de madera que atravesaba el núcleo urbano de sur a norte para finalizar en aljibes que permitían el riego de las tierras situadas por debajo de la ciudad.


A lo largo de la misma se sucedieron hasta trece molinos de agua de los que, en la actualidad, sólo se conservan diez en mayor o menor grado de conservación.


De éstos sólo funcionan dos: el de Chano (conocido como Molino de Arriba) y La Máquina (conocido como Molino de Abajo).


Desde La Piedad hasta la casa de Lercaro se suceden uno tras otro siguiendo una línea imaginaria por la que en su momento discurría la acequia que cruzaba calles e incluso atravesaba casas.


También, como en Güímar, había abrevaderos para el ganado y lavaderos.


Los molinos de La Orotava dejaron de ser movidos por la fuerza hidraúlica desde los años sesenta del pasado siglo, pues el agua comenzó a distribuirse por cañerías y dejó de correr por las atarjeas.


Los molinos han llegado hasta nuestros días en bastante buen estado de conservación.


Pero como dice el profesor Manuel Hernández González en su interesante trabajo La evolución histórica de los molinos de agua de La Orotava, se ha hecho muy poco hasta la fecha para recuperarlos.


Pone además como ejemplo la actuación realizada en el municipio grancanario de Firgas, donde se ha restaurado completamente el molino allí existente y se ha puesto en funcionamiento de la manera tradicional.


Tanto en Güímar como en La Orotava o en La Laguna, los molinos de agua precisan de una actuación urgente que nos permita transmitirlos a las siguientes generaciones como parte de nuestro legado etnográfico y cultural.


En el mismo pleno de La Laguna que citábamos al principio de este artículo, se rechazó la propuesta porque la mayoría del gobierno municipal aseguró que ya está en ello.


Esperemos que sea verdad.



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