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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Pedagogos: ¿una lacra o la salvación del sistema educativo? * Grupos de profesores se enzarzan en una polémica sobre la formación del profesorado

  • Grupos de profesores se enzarzan en una polémica sobre la formación del profesorado
  • La controversia plantea dos formas de entender la enseñanza y la universidad

Por MARÍA SÁNCHEZ DÍEZ (SOITU.ES)
Actualizado 10-12-2008 09:06 CET

El 'plan Bolonia' de reforma de la educación universitaria es un fenómeno complejo sobre el que existen un sinfín de opiniones. De eso hemos dado buena cuenta aquí últimamente. La cuestión se ha convertido en todo un dolor de cabeza para las autoridades educativas, pero la divergencia de puntos de vista sobre este acuerdo entre 46 países europeos que contempla la homologación de los títulos, el fomento de la movilidad de alumnos y profesores y la creación del Espacio Europeo de Educación Superior está dando lugar a una prolija e interesante literatura en forma de manifiestos y contramanifiestos de alumnos y profesores.

(EFE)

Estudiantes encerrados en el rectorado de la Universidad de Barcelona.


El último ejemplo de ello lo encontramos en las páginas del diario 'El País', donde dos grupos de profesores universitarios se han enzarzado en un debate en torno a uno de los cambios más polémicos que introducirá la reforma universitaria. Se trata del acceso a la docencia en educación secundaria, que a partir del próximo año tendrá que realizarse con un Máster en Formación del Profesorado. Éste sustituirá al denostado Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), curso molesto pero facilón, y viejo conocido de todo opositor a la enseñanza que se precie.


Aunque el tema lleva coleando ya varios meses, la polémica se reaviva justo en un momento en el que la situación de la universidad está de plena actualidad. No hemos podido obviar la diatriba, sobre todo teniendo en cuenta que dos de los personajes que la protagonizan, Rafael Feito y Carlos Fernández Liria, han aportado para soitu.es interesantes puntos de vista sobre el futuro que le espera a la universidad española.



Cruce de acusaciones



El inicio de la controversia está en la publicación, en forma de anuncio, del manifiesto redactado por la Junta de Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, 'La profesión del profesor'. Este texto arremete contra el nuevo máster que, a diferencia del breve CAP, durará un año y costará en torno a los 1.500 euros frente a los 150-200 que se pagan ahora.


Los profesores que lo suscriben defienden que el mejor profesor es el que tiene conocimiento sobre la asignatura que imparte. El nuevo sistema no garantiza esto, ya que, según ellos, acabará suponiendo un menoscabo de la formación académica y científica en las carreras teóricas cuya casi única salida es la enseñanza. ¿Y por qué? Porque, con la subida del precio de los nuevos másteres que implica Bolonia, los alumnos se verán obligados a elegir el de Formación del Profesorado si quieren trabajar. Así, según sus vaticinios, la investigación quedará seriamente dañada.

Los estudiantes anti-Bolonia se oponen al Máster.


El manifiesto no quedó sin respuesta. El periódico publicó el 17 del pasado mes una respuesta en forma de tribuna titulada 'Facultades de Filosofía y la profesión de profesor'. En él, los autores (entre ellos Feito) acusaban a los firmantes del manifiesto de manipular a la opinión pública y de "craso corporativismo". Su visión sostiene que no basta con conocer una materia para saber transmitirla y que es fundamental que los profesores reciban formación sobre el aprendizaje, los contextos educativos y las metodologías de enseñanza.



Aunque se despacharon a gusto, la cosa no acabó ahí porque ayer mismo el diario publicaba un nuevo artículo de réplica, 'La estafa del enseñar a enseñar', en el que se devolvía la recriminación de corporativismo. Con Andrés de Oliva a la cabeza, una quincena de docentes acusaban a los psicopedagogos de "abducir" a unas autoridades ministeriales que han ido introduciendo una mayor carga de sus teorías en las sucesivas leyes. En el texto, se recogía además una de las principales críticas que pesan sobre este colectivo: los especialistas que están diciendo a los profesores cómo deben "aprender a enseñar" (el axioma por excelencia de la pedagogía) jamás han pisado un aula. Los pedagogos son percibidos por muchos como una especie de lacra que dificulta la labor docente con la rigidez de sus teóricos planteamientos, alejados de la práctica diaria.



La fricción entre ambas percepciones, más allá de expresar opiniones contrarias sobre la formación del profesorado, simboliza dos maneras distintas de entender la universidad y la enseñanza. Bolonia ha reflotado con fuerza este complejo y árido debate, ajeno y desconocido, sin embargo, para el común de los mortales. Y es que la creación del Máster de Formación del Profesorado es un signo más de uno de los principales giros que contempla la reforma educativa en España: potenciar las llamadas "competencias" (o sea, las habilidades y destrezas) y los enfoques pedagógicos frente el conocimiento por el conocimiento, filosofía defendida por los grupos anti-Bolonia.



Pero no todo es agrio desencuentro. Hay una (sólo una) idea que comparten ambos grupos: el todavía vigente CAP ha sido una estafa que no ha servido para nada. Pero, una vez más, ante el cambio florece un potente antagonismo: donde unos ven en la mejora de la formación del profesorado la clave y la gran oportunidad para solucionar los problemas educativos que arrastra nuestro país, otros observan con terror como una pesadilla inservible y estéril se prolonga.



Y tú, ¿qué crees que es más importante a la hora de enseñar para un profesor: la pedagogía o el conocimiento de la asignatura que imparte?



Para saber más sobre Bolonia:



martes, 2 de diciembre de 2008

Profesores ante Bolonia, primer acto: la visión positiva


Por MARÍA SÁNCHEZ DÍEZ (SOITU.ES)
Actualizado 01-12-2008 18:32 CET

Rafael Feito, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, en esto del futuro de la universidad, se declara orteguiano: "España es el problema y Europa la solución", afirma convencido. Su opinión sobre el proceso de Bolonia, pues, es que abre un horizonte de futuro que puede darle el empujón que necesita la educación superior española. ¿La clave? Dos palabras: flexibilización (de titulaciones e itinerarios) y movilidad (de profesores y alumnos en el conjunto del continente).

M.S.D

Rafael Feito.


Con él, empezamos una serie de entrevistas a docentes universitarios. Hemos extraído los puntos más significativos de su opinión sobre el llamado plan Bolonia. Este proyecto contempla una serie de transformaciones en la educación universitaria que culminarán en la creación de Espacio Europeo de Educación Superior en 2010. La homologación de los títulos, el fomento de la movilidad de alumnos y profesores y la creación de un sistema común de créditos son sus principales señas distintivas. Una de las ideas que subyace bajo la reforma es hacer del conocimiento un valor para el crecimiento y el desarrollo del continente. Este punto ha levantado ampollas entre algunos alumnos y docentes. Interpretan que se potenciarán únicamente las carreras y proyectos con utilidad práctica, que las empresas saldrán favorecidas y que se devaluará la formación en contenidos.


Las ventajas de Bolonia:



El énfasis pasa del profesor que enseña al alumno que aprende. La idea fundamental se basa en la autonomía del estudiante, en que produzca contenidos. Vivimos en un escenario casi medieval, en el que la universidad se dedica a perorar desde una tarima donde se dictan apuntes. Por ejemplo, ¿por qué no colgar las clases en plataformas como YouTube para que los estudiantes puedan verlas cuando mejor les venga? Es necesario crear escenarios más interactivos, abrir la docencia al mundo exterior, una flexibilización que permita no conocer sólo la visión de tu profesor, sino otras muchas cosas.

La oposición al plan:



Creo que la oposición de los profesores obedece a un corporativismo cerril, que actúa con independencia del bienestar social. El peso de los grupos profesionales es muy fuerte en la universidad, cada cual trata de salvar su asignatura y ya está (...) Nosotros tenemos clases en la licenciatura de Sociología con cinco estudiantes. ¿Está la sociedad dispuesta a pagar el dispendio de estos microgrupos? Cada vez que se hace un plan de estudios, cada profesor piensa que su asignatura es la más importante del mundo. Los intereses que operan en la universidad son tan particularistas (si no más) que los de la General Motors. En el caso de los alumnos, me resulta una queja más difícil de asumir.

El modelo de financiación:



Los países escandinavos, donde el Estado recauda suficiente dinero como para que la gente pueda estudiar con un salario, me parecen el modelo ejemplar. Pero en España hay una rebelión social cada vez que se plantea una subida de impuestos, la sociedad no está dispuesta a pagar más. Unos estudios universitarios de calidad, por fuerza son caros, tener universidades punteras requiere mucha inversión. Si ni el Estado ni la sociedad están dispuestos a darla, no hay que estigmatizar en exceso al capital privado. En Estados Unidos, donde las empresas invierten en las universidades, el porcentaje de hijos de clase trabajadora es similar al que hay en Europa. En cualquier caso, ahora estaríamos más cerca del modelo de Reino Unido, donde el estudiante puede obtener una 'beca préstamo' [sistema por el que se están sustituyendo las tradicionales ayudas a fondo perdido por modelos de pago futuro de los nuevos másteres que se implantarán. El alumno no deberá devolver el dinero hasta que no tenga una renta que se lo permita]

La devaluación de la formación en contenidos:



Uno de los aspectos más discutidos sobre el proceso de Bolonia es que se pone énfasis en la adquisición de "destrezas", "habilidades" y "herramientas" en lugar de conocimientos. Esto significa potenciar aptitudes prácticas como hablar en público, trabajar en grupo, etc. En definitiva, se trata de obtener las llamadas "competencias" que permitan a los alumnos desenvolverse en cualquier ámbito: "aprender a aprender" lo que sea necesario. Algunos docentes, reunidos bajo el grupo que han autodenominado 'Profesores por el conocimiento', han denunciado que este cambio de óptica puede suponer una merma de la formación específica de las materias.


Los llamados 'profesores por el conocimiento' tienen lo que Paulo Freire denominó la 'concepción bancaria' de la educación: ellos poseen el conocimiento y lo transmiten sobre cabezas vacías. Son muy conservadores en su práctica docente. La gente no aprende así. Las competencias (saber hablar en público, escribir, emitir juicios críticos y opiniones) son útiles para las empresas, sí, pero también son susceptibles de uso alternativo. Una persona que sepa hablar bien va a ser más útil para la sociedad que una que no sepa y la universidad hoy es la tumba del pensamiento, está creando persona mudas (...) Ha habido una distorsión muy fuerte sobre este punto. Ser la primera sociedad del conocimiento no quiere decir no saber nada. Cualquier empleo hoy está sometido a la innovación tecnológica, pero esta filosofía de saber adaptarse a distintas circunstancias apunta también a los cambios sociales, a que ser ciudadano cada vez es más complejo. Hay que ser más plurales, tenemos que tener opiniones sobre más cosas. No sólo se pone el énfasis en adquirir destrezas y capacidades sino en crear ciudadanos más criticos, que sepan adaptarse a una sociedad en constante cambio.

Profesores ante Bolonia, segundo acto: la visión negativa



Por MARÍA SÁNCHEZ DÍEZ (SOITU.ES)
Actualizado 02-12-2008 14:53 CET

"Mira, ahí están esos ácratas salvajes e indocumentados". Carlos Fernández Liria bromea al pasar por delante de un grupo de alumnos encerrados que está leyendo papelotes en el vestíbulo de la facultad de Filosofía, aludiendo a los que acusan de desinformación a los estudiantes contrarios a la reforma universitaria. Liria encarna el espíritu anti-Bolonia. Se nota hasta en el salvapantallas que da la bienvenida en su ordenador, una fotografía de los encierros de alumnos en la facultad. Las opiniones sobre la convergencia europea de este catedrático de metafísica de la Universidad Complutense de Madrid lo han convertido en un personaje clásico del movimiento de oposición.


Una especie de pope influyente en el alumnado. Desde 2000, ha estado denunciando la deriva mercantilizadora y comercial que paulatinamente toma la enseñanza superior española. El plan Bolonia es la confirmación de todos sus temores. Ya durante las protestas contra el proyecto del año pasado, hablamos con él. Durante estos meses, su opinión no sólo no ha rebajado sus tintes apocalípticos, sino que se ha radicalizado.


M.S.D

Carlos Fernández Liria, cruzado anti-Bolonia.


Hemos seleccionado los fragmentos más significativos de su opinión sobre el llamado proyecto Bolonia. Este plan contempla una serie de transformaciones que culminen en la creación de Espacio Europeo de Educación Superior en 2010.


La homologación de los títulos, el fomento de la movilidad de alumnos y profesores y la creación de un sistema común de créditos son los principales cambios. Pero la idea de hacer del conocimiento un valor para el crecimiento y el desarrollo del continente es la que más ampollas ha levantado. Algunos alumnos y docentes opinan que así se potenciarán sólo las carreras con utilidad práctica que interesen a las empresas, devaluándose la formación en contenidos, o sea, el saber por el saber.



La mercantilización de la universidad:



Bolonia son dos páginas en que no se dicen más que vaguedades contra las que nadie puede estar en contra, pero en realidad es la tapadera de otro proceso: la privatización y mercantilización de la educación superior. Las empresas se van a adueñar de dinero público y de un ejército de becarios pagados por el Estado. Invertirán únicamente en los programas de investigación que les interesen y éstos serán los que sobrevivan finalmente, porque la rentabilidad en el mercado (medida como "la utilidad social") se ha convertido en el criterio fundamental a la hora de modelar los planes de estudio. La universidad se pone así al servicio del mundo empresarial y laboral: no hay dinero para lo que no es rentable.

La merma del nivel académico:



La formación no puede ser más que generalista, porque las carreras se quedan en la mitad de las horas lectivas. Ahora los grados [titulaciones que sustituirán las actuales licenciaturas] van a tener cuatro años, pero muy deteriorados. El primero será un curso común de corte muy general, una especie de continuación del bachillerato y el cuarto estará vinculado a las prácticas en empresas. Los cursos específicos serán sólo dos, lo que supone un gran mazazo a la educación en contenidos. Los estudiantes van a terminar con una cultura general muy precaria y, actualmente, un licenciado no tiene ese perfil. Este modelo obedece a la estrategia suicida de acercar y adaptar la universidad a un mercado laboral basura. Para pagar a un telepizzero no necesitamos que haga una carrera larga, ni a alguien que sepa entender a Hegel o leer latín y griego.

La "utilidad social" de los proyectos:



Ya nos estamos empezando a encontrar que, a la hora de pedir financiación para un proyecto de investigación, una beca o cualquier propuesta que salga de un departamento, se está empleando como criterio fundamental de evaluación la "utilidad social" de la iniciativa. ¿Y qué significa? Que se cuenta como principal mérito la obtención de financiación externa, es decir, de empresas. Puntúa tan alto que si no la tienes es prácticamente imposible conseguir dinero público. Así, a la larga será inevitable que las carreras que no tengan interés empresarial directo sean dañadas o directamente suprimidas. Nosotros queremos estudiar la fenomenología de Hegel, ¿pero a qué empresa le interesa eso?

La inclusión de la política universitaria en Ciencia e Innovación:



Es la confirmación de la lógica de Bolonia y de que tenemos razón. La educación se ha divido en dos y la universidad se ha ligado al mundo empresarial, a los intereses privados. El mensaje que se transmite es que la educación superior debe estar más cerca de la empresa que del bachillerato. Las políticas de I+D+i, son además incompatibles con muchos estudios universitarios como las humanidades o la ciencia teórica. Mientras, el Ministerio de Educación queda para algo así como la gestión de la asistencia social a los sectores problemáticos de la sociedad.

Para saber más sobre Bolonia:


sábado, 29 de noviembre de 2008

EL PLAN BOLONIA Y LOS RECTORES

Los estudiantes se crecen

tras la petición de auxilio

de los rectores



  • El movimiento anti Bolonia recibe con optimismo el temor de las autoridades educativas

Por MARÍA SÁNCHEZ DÍEZ (SOITU.ES)
Actualizado 28-11-2008 13:53 CET

MADRID.- "Están acojonados, vamos a ganar". Un profesor contrario al proceso de Bolonia habla con una compañera en la cafetería mientras leen el periódico. La noticia ha insuflado renovados ánimos en los grupos que protestan contra el controvertido plan de creación de un espacio universitario europeo: "Los rectores afectados por las revueltas piden ayuda al Gobierno".

M.S.D

Una estudiante pasa por delante de un cartel contra Bolonia.


Éste era el titular de una noticia publicada en El País de ayer, en la que se desvelaba el contenido de una carta confidencial enviada por los rectores de los centros más afectados por las protestas estudiantiles. En ella, piden ayuda al Ejecutivo para que intervenga y le advierten de que el movimiento anti Bolonia no es un fenómeno pasajero y que puede tener "consecuencias imprevisibles". "Esperamos un recrudecimiento", decía el documento.


Este llamado proceso de Bolonia que tanta polémica causa consiste en una serie de transformaciones en la educación universitaria que culminarán en la creación de Espacio Europeo de Educación Superior en 2010. La homologación de los títulos, el fomento de la movilidad de alumnos y profesores y la creación de un sistema común de créditos son sus principales señas distintivas. Una de las ideas que subyace bajo la reforma es hacer del conocimiento un valor para el crecimiento y el desarrollo del continente. Este punto ha levantado ampollas entre algunos alumnos y docentes. Interpretan que se potenciarán únicamente las carreras y proyectos con utilidad práctica, que las empresas saldrán favorecidas y que se devaluará la formación en contenidos. Frente al alimento del alma, opinan que primará lo que repercuta en los bolsillos y el mercado laboral.


"Los rectores han estado jugando durante años a que existe un consenso de apoyo en torno al proceso de Bolonia y ahora se han encontrado con que no pueden disimular más el movimiento en contra", dice Carlos Fernández Liria, catedrático de Metafísica y pope de la lucha anti Bolonia en la Universidad Complutense de Madrid. ¿Pero ha cambiado algo verdaderamente en el movimiento con respecto al año pasado? "Por aquí, se dice en broma que ha terminado la revolución kantiana, que es la de agotar la vía institucional, y ha empezado la spinozista, que es la violenta", observa Liria. "Entendiendo por 'violenta' llenar las aulas de globos para que no se pueda dar clase", se apresura a apuntillar. Este símil filosófico sirve para ilustrar un cambio que al parecer no sólo los rectores han percibido: "el movimiento se ha "transformado radicalmente".



Más coordinación y menos tiempo



¿Pero es realmente para tanto? A simple vista, la actividad de los anti Bolonia, aunque ruidosa, no parece más populosa. "Pero ahora hay una mayor voluntad de coordinación", explica Pablo, uno de los estudiantes de la asamblea de la facultad de Filosofía. La situación se agrava en otras ciudades. En Valencia, otros siete nuevos centros están ocupados y en Barcelona más de 500 alumnos están durmiendo en seis facultades diferentes. Ahora, el objetivo es aunar fuerzas. Ponerse en contacto con los grupos que reivindican en todas las ciudades de España y coordinar acciones conjuntas.


"Los rectores han estado jugando durante años a que existe un consenso de apoyo en torno al proceso de Bolonia y ahora no pueden disimular más"


Parece que la mecha está prendida y que, incluso en universidades donde tradicionalmente no ha habido mucha actividad reivindicativa, está empezando a surgir oposición. "Hasta estamos en contacto con gente de Cuenca que está empezando a moverse", explica Mónica, una estudiante de primer curso de Comunicación Audiovisual que se encuentra encerrada en el vestíbulo de la facultad de Ciencias de la Información. Para ella, la importancia del movimiento de protesta que se barrunta en los pasillos no está en el número, sino que el tiempo se acaba. "Es ahora o nunca", afirma. "Ahora estamos viendo a gente que nunca se había interesado por este tipo de cuestiones y que, aunque no participa en los encierros, viene a interesarse por qué es eso de Bolonia".


Mientras, la respuesta a la petición de los rectores no se ha hecho esperar: el Ejecutivo empezará a actuar en defensa del proyecto de reforma de la educación superior de forma inmediata, según informa también el diario 'El País'. La intervención del Ministerio de Ciencia e Innovación se traducirá en dos reuniones sobre el tema y sendas declaraciones institucionales en favor de Bolonia. El Gobierno, al parecer, incluso está dispuesto a repasar algunos de los aspectos más polémicos de la reforma, como los procedimientos de la Aneca, el centro que evalúa y aprueba las nuevas titulaciones.



A pesar de la sensación de victoria que se respira, otros estudiantes prefieren mantenerse cautos y no dejarse contagiar por el optimismo que ha inyectado la preocupación de los rectores. "Me parece patético", sentencia Víctor José Moreno, uno de los cabecillas del movimiento en Filosofía. "Lo único que pedimos es que vengan a debatir públicamente con nosotros y, en lugar de hacerlo, piden ayuda al Gobierno. Yo prefiero seguir trabajando, la verdad". Acto seguido, se apresura en coger unos papeles y vuelve a sentarse en el corro donde una veintena de estudiantes debaten acaloradamente. Son las 20.30 y la facultad está semi desierta, pero a ellos todavía les queda una larga noche de trabajo.


lunes, 24 de noviembre de 2008

PLAN BOLONIA DE HOY LUNES 24

Los estudiantes ocupan

la Facultad de Letras de la

Autónoma de Barcelona



Desde el pasado jueves el edificio histórico de la Universidad de Barcelona permanece ocupado por los universitarios que protestan contra el plan Bolonia

SEBASTIÁN TOBARRA - Barcelona
ELPAIS.com - Sociedad - 24-11-2008 - 12:20

Alrededor de un centenar de jóvenes, según el rectorado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y 300, según los estudiantes, han ocupado esta mañana la Facultad de Letras de la UAB, en el campus de Bellaterra, en la provincia de Barcelona. Es la segunda ocupación de un recinto universitario en cuatro días. Desde el pasado jueves cien universitarios pernoctan en la sede central de la Universidad de Barcelona (UB).


Provistos de sacos de dormir y de comida, los estudiantes que se han instalado en la Facultad de Letras de la UAB han ocupado ocho aulas a primeras horas de la mañana. Hace unos días se instalaron en la Facultad de Políticas del mismo campus, pero han decidido dejar este recinto e instalarse en la Facultad de Letras. La UAB quiere trasladar la actividad docente de las aulas ocupadas a otras dependencias para que se mantengan las clases, han dicho las fuentes consultadas del rectorado.


Los estudiantes piden que se abra un debate sobre el futuro de la universidad tras la adaptación al proceso de Bolonia y que se retiren los expedientes abiertos a una treintena de alumnos que ocuparon la UAB la pasada primavera, según uno de sus portavoces.


El rector en funciones de la Universidad de Barcelona, Josep Samitier, advirtió el jueves que el diálogo es incompatible con la ocupación de centros docentes.


domingo, 23 de noviembre de 2008

NO AL PLAN BOLONIA



La descomposición de la Universidad española

José Luis Pardo


El “Proceso de Bolonia” pretende facilitar la incorporación de los licenciados a la sociedad. En realidad, esconde tras sus promesas un zarpazo que puede ser mortal para las estructuras de la enseñanza pública



Como sucede a menudo en política, la manera más segura de acallar toda resistencia contra un proceso regresivo y empobrecedor es exhibirlo ante la opinión pública de acuerdo con la demagógica estrategia que consiste en decirle a la gente, a propósito de tal proceso, exclusivamente lo que le agradará escuchar.



Así, en el caso que nos ocupa, las autoridades encargadas de gestionar la reforma de las universidades que se está culminando en nuestro país _sea cual sea su lugar en el espectro político parlamentario— han presentado sistemáticamente este asunto como una saludable evolución al final de la cual se habrá conseguido que la práctica totalidad de los titulados superiores encuentren un empleo calificado al acabar sus estudios, que los estudiantes puedan moverse libremente de una universidad europea a otra, y que los diplomas expedidos por estas instituciones tengan la misma validez en todo el territorio de la Unión.



Una vez establecido propagandísticamente que el llamado “Proceso de Bolonia” consiste en esto y solamente en esto, nada resulta más sencillo que estigmatizar a quienes tenemos reservas críticas contra ese proceso, como una caterva de locos irresponsables que, ya sea por defender anacrónicos privilegios corporativistas o por pertenecer a las huestes antisistema del Doctor Maligno, quieren que siga aumentando el paro entre los licenciados y rechazan la homologación de títulos y las becas en el extranjero, por pura perfidia burocrática.



Vaya, pues, por adelantado que el autor de estas líneas también encuentra deseables esos objetivos así proclamados, y que si se tratase de ellos nada tendría que oponer a la presente transformación de los estudios superiores.



Sin embargo, lo que las autoridades políticas no dicen —y, seguramente, tampoco la opinión pública se muere por saberlo— es que bajo ese nombre pomposo se desarrolla en España una operación a la vez más simple y más compleja de reconversión cultural destinada a reducir drásticamente el tamaño de las universidades —y ello no por razones científicas, lo que acaso estuviera plenamente justificado, sino únicamente por motivos contables— y a someter enteramente su régimen de funcionamiento a las necesidades del mercado y a las exigencias de las empresas, futuras empleadoras de sus titulados; una operación que, por lo demás, se encuadra en el contexto generalizado de descomposición de las instituciones características del Estado social de derecho y que concuerda con otros ejemplos financieramente sangrantes, de subordinación de las arcas públicas al beneficio privado, a que estamos asistiendo últimamente.



Habrá muchos para quienes estas tres cosas (la disminución del espacio universitario, la desaparición de la autonomía académica frente al mercado, y la liquidación del Estado social) resulten harto convenientes, pero es preferible llamar a las cosas por su nombre y no presentar como una “revolución pedagógica” o un radical y beneficioso “cambio de paradigma” lo que sólo es un ajuste duro y un zarpazo mortal para las estructuras de la enseñanza pública, así como tomar plena conciencia de las consecuencias que implican las decisiones que en este sentido se están tomando.



De estas consecuencias querría destacar al menos las tres que siguen.


1. La “sociedad del conocimiento”. Este sintagma, casi convertido en una marca publicitaria que designa el puerto en el que han de desembarcar las actuales reformas, esconde en su interior, por una parte, la sustitución de los contenidos cognoscitivos por sus contenedores, ya que se confunde —en un ejercicio de papanatismo simpar— la instalación de dispositivos tecnológicos de informática aplicada en todas las instituciones educativas, con el progreso mismo de la Ciencia, como si los computadores generasen espontáneamente sabiduría y no fuesen perfectamente compatibles con la estupidez, la falsedad y la mendacidad; y, por otra parte, el “conocimiento” así invocado, que ha perdido todo apellido que pudiera calificarlo o concretarlo —como lo perdieron en su día las artes, oficios y profesiones para convertirse en lo que Marx llamaba “una gelatina de trabajo humano totalmente indiferenciado”, calculable en dinero por unidad de tiempo—, es el dramático resultado de la destrucción de las articulaciones teóricas y doctrinales de la investigación científica para convertirlas en habilidades y destrezas cotizables en el mercado empresarial.



La reciente adscripción de las universidades al Ministerio de las Empresas Tecnológicas no anuncia únicamente la sustitución de la lógica del saber científico por la del beneficio empresarial en la distribución de conocimientos, sino la renuncia de los poderes públicos a dar prioridad a una enseñanza de calidad capaz de contrarrestar las consecuencias políticas de las desigualdades socioeconómicas.



2. El nuevo mercado del saber. Cuando los defensores de la “sociedad del conocimiento” (con Anthony Giddens a la cabeza) afirman que el mercado laboral del futuro requerirá una mayoría de trabajadores con educación superior, no están refiriéndose a un aumento de calificación científica sino más bien a lo contrario, a la necesidad de rebajar la calificación de la enseñanza superior para adaptarla a las cambiantes necesidades mercantiles; que se exija la descomposición de los saberes científicos que antes configuraban la enseñanza superior, y su reducción a las competencias requeridas en cada caso por el mercado de trabajo, y que, además, se destine a los individuos a proseguir esta “educación superior” a lo largo de toda su vida laboral es algo ya de por sí suficientemente expresivo: solamente una mano de obra (o de “conocimiento”) completamente descalificada necesita una permanente recalificación, y sólo ella es apta —es decir, lo suficientemente inepta— para recibirla.



Acaso por ello la nueva enseñanza universitaria empieza ya a denominarse “educación postsecundaria”, es decir, una continuación indefinida de la enseñanza media (cosa especialmente preocupante en este país, donde la reforma universitaria está siguiendo los mismos principios pseudopedagógicos que han hecho de la educación secundaria el conocido desastre en que hoy está convertida); como confiesa el propio Giddens, la enseñanza superior va perdiendo, como profesión, el atractivo que en otro tiempo tuvo para algunos jóvenes de su generación, frente a otros empleos en la industria o la banca; y lo va perdiendo en la medida en que el profesorado universitario se va convirtiendo en un subsector de la “producción de conocimientos” para la industria y la banca.



3. El ocaso de los estudios superiores. No es de extrañar, por ello, que el “proceso” —de un modo genuinamente autóctono que ya no puede escudarse en instancias “europeas”— culmine en el atentado contra la profesión de profesor de bachillerato que denunciaba el pasado 3 de noviembre el Manifiesto publicado en este mismo periódico: reconociendo implícitamente el fracaso, antes incluso de su implantación, la administración educativa admite que los nuevos títulos no capacitan a los egresados para la docencia, salida profesional casi exclusiva de los estudiantes de humanidades; pero, en lugar de complementarlos mediante unos conocimientos avanzados que paliarían el déficit de los contenidos científicos recortados, sustituye éstos por un curso de orientación psicopedagógica que condena a los profesores y alumnos de secundaria a la indigencia intelectual, y supone la desaparición a medio plazo de los estudios universitarios superiores en humanidades, ya que quienes necesitarían cursarlos se verán empujados por la necesidad a renunciar a ellos a favor del cursillo pedagógico.



Todos los que trabajamos en ella sabemos que la universidad española necesita urgentemente una reforma que ataje sus muchos males, pero no es eso lo que ahora estamos haciendo, entre otras cosas porque nadie se ha molestado en hacer de ellos un verdadero diagnóstico. Lo único que por ahora estamos haciendo, bajo una vaga e incontrastable promesa de competitividad futura, es destruir, abaratar y desmontar lo que había, e introducir en la universidad el mismo malestar y desánimo que reinan en los institutos de secundaria, y ello sin ninguna idea rectora de cuál pueda ser el modelo al que nos estamos desplazando, porque seguramente no hay tal cosa, a menos que la pobreza cultural y la degradación del conocimiento en mercancía sean para alguien un modelo a imitar.


***

José Luis Pardo es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.

EP

viernes, 21 de noviembre de 2008

Los estudiantes de la UB y de la UAB anuncian más ocupaciones de espacios académicos para el lunes

Los estudiantes de la

UNIVERSIDAD DE BARCELONA

y de la UAB anuncian

más ocupaciones

de espacios académicos

para el lunes

Rechazan la oferta de diálogo del rector de la Universitat de Barcelona que les permitía el encierro hasta ese día | Más de 200 han pasado la noche encerrados en el rectorado


Barcelona. (EFE).- Los alumnos encerrados en la Universitat de Barcelona han anunciado que el próximo lunes, día 24, mantendrán el encierro y ocuparán más espacios académicos, entre ellos el campus de Mundet en Barcelona.


Los representantes de los entre 200 y 300 alumnos encerrados en la UB se han posicionado así al considerar que la oferta de diálogo del rector, Josep Samitier, está vacía de contenido. Samitier había afirmado por la mañana que permitirá que los estudiantes mantengan su encierro en el edificio histórico del rectorado durante el fin de semana, si bien creía que a partir del lunes deberían abandonar la ocupación al iniciarse el proceso de diálogo.

Por su parte, la Coordinadora de Asambleas de Facultad de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y el Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans (SEPC) han anunciado que la próxima semana volverán a ocupar varias facultades en protesta por el Plan Bolonia.

Los estudiantes han hecho este anuncio esta tarde en rueda de prensa tras haber ocupado durante toda la semana varias aulas de la Facultad de Ciencias Políticas del campus de Bellaterra.

La intención de los estudiantes es repetir el lunes, día 24, la ocupación en la facultad de Ciencias Políticas, extenderla hasta la facultad de Letras al día siguiente y la de Ciencias de la Comunicación quede ocupada el miércoles, día 26.

Los estudiantes han anunciado que tienen previsto celebrar un referéndum el próximo 25 de noviembre para demostrar que la comunidad estudiantil está en contra de la implantación del conocido Plan de Bolonia.

Entre 200 y 300 estudiantes han pasado hoy su primera noche en el edificio histórico del rectorado de la UB, en la Plaza Universitat, donde irrumpieron ayer reclamando un debate público y social sobre el Plan de Bolonia, un referéndum vinculante y que se retiren los 31 expedientes abiertos el curso pasado a alumnos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) por la ocupación del rectorado.

En rueda de prensa, Samitier, que es rector en funciones de la UB, ha garantizado que durante este fin de semana mantendrán abiertas las puertas del edificio histórico para que los alumnos puedan seguir encerrados, siempre que se mantengan las normas básicas de convivencia, como ha ocurrido hoy.

No obstante, ha afirmado que cree que el lunes los alumnos tendrían que abandonar el encierro, porque "no tendría demasiado sentido continuar manteniendo posiciones de fuerza" justo cuando se iniciará una ronda oficial de negociaciones, con los rectores y la Generalitat, para analizar las reivindicaciones estudiantiles.

Samitier ha reclamado además a los alumnos encerrados que respeten el derecho de sus compañeros a asistir a clase, como ha ocurrido esta misma mañana, en la que se han podido celebrar clases con normalidad en Matemáticas y Filología, pese a que también estaba convocada una huelga.

Mientras Samitier ofrecía esta rueda de prensa en la sala noble del rectorado, en el gran vestíbulo de entrada aún permanecían más de medio centenar de alumnos, con pancartas en contra del Plan de Bolonia, para mantener la ocupación de la zona en la que han pasado la noche.


Encierro indefinido

Uno de los estudiantes que ha participado del encierro, Pau Vila, ha anunciado que mantendrán su encierro de forma "indefinida", ya que exigen la retirada de los expedientes a los alumnos de la UAB, un referéndum vinculante sobre la adopción del Plan de Bolonia y que se celebre un debate público y social sobre este proceso de creación de un espacio europeo de educación superior.

Un portavoz de los estudiantes ha informado de que las autoridades universitarias no han aceptado ninguna de sus reivindicaciones en contra de la aplicación del plan Bolonia. Además, pretenden suspender las clases y sustituirlas por seminarios, vídeos, debates y foros para dar a conocer su lucha contra el plan Bolonia, para la convergencia de las titulaciones universitarias en Europa.

Un piso más arriba, Samitier ha subrayado la importancia de mantener abierto el "diálogo permanente" con los estudiantes, antes de iniciar las negociaciones oficiales el próximo lunes para analizar sus reivindicaciones.

No obstante, ha dejado claro que el único referéndum vinculante que existe en las universidades es el que pueden hacer los alumnos para decidir la posición de sus representantes en los órganos de gobierno, pero nunca para fijar la posición definitiva del centro universitario.

Además, ha señalado que uno de los puntos que más critican los alumnos del Plan de Bolonia, como la política de becas y tasas, depende de las leyes sobre universidades que aprueban los respectivos estados o autonomías y no está vinculado a Bolonia.

En cambio, ha afirmado que le consta que la UAB ya está estudiando la situación de los expedientes abiertos a 31 de sus alumnos, si bien no ha precisado en qué punto se encuentra este proceso.

Los estudiantes, que ayer se manifestaron por el centro de Barcelona, acabaron la marcha ocupando en el edificio histórico de la UB, donde está el rectorado, y en el cual han pasado toda la noche encerrados.

La manifestación finalizó con tres cargas policiales porque los estudiantes querían cambiar el recorrido previsto y pretendían bajar por las Ramblas. En los incidentes, uno de los manifestantes ha sido detenido acusado de un delito de desorden público, y seis Mossos d'Esquadra han resultado heridos leves, uno de ellos con quemaduras por un petardo que han lanzado los manifestantes, según fuentes policiales.


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