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martes, 17 de marzo de 2009

HOLANDESES . ALGO MÁS QUE UNA SIMPLE VENTANA


La ventana

holandesa



  • En Holanda todo sucede alrededor de ella: es la esencia de lo holandés
  • Amsterdam resulta un buen motivo para empezar a amar la arquitectura moderna


Por JAVIER BONED PURKISS* (SOITU.ES)


Viajar a Holanda implica siempre encontrarse con la calidad de la arquitectura. Realmente no se puede hacer mejor.


En estos tiempos de crisis, llenos de múltiples ejemplos muchas veces contradictorios y confusos en lo que se refiere al entendimiento de la arquitectura, es siempre reconfortante comprobar el equilibrio y la solidez con la que Holanda sigue avanzando en este campo.


Javier Boned

Las nuevas casas en los muelles gemelos de Borneo y Sporenburg.


Holanda es una ventana abierta al paisaje de la calidad y de la cultura arquitectónicas.


Territorio, abstracto, paradigma de lo plano, paisajes que alumbraron la mirada geométrica de un Mondrian o el colorismo apasionado de Van Gogh, parajes donde la cultura humanista y protestante se acerca a la ventana para mostrarse, para vivir y enseñarnos esa vida cotidiana, como los personajes de Vermeer. En Holanda todo sucede alrededor de la ventana; la ventana es luz, es apertura al mundo, es el escaparate necesario para identificarse con un nivel de vida, con una cultura. La ventana es la esencia de lo holandés.


La variedad de huecos resulta prácticamente infinito, y la capacidad seductora de la arquitectura se manifiesta, además de por su perfección formal y constructiva, por la belleza intrascendente de la cotidianidad.


Una cultura así se manifiesta constantemente, es pública, todo el mundo puede disfrutar de ella. No hay nada que ocultar, desde el exotismo de un mitificado 'barrio rojo' hasta los huecos asimétricos y múltiples de los últimos edificios de viviendas, que nos muestran sin tapujos sus domésticos interiores.


La variedad de huecos resulta prácticamente infinito, y la capacidad seductora de la arquitectura se manifiesta, además de por su perfección formal y constructiva, por la belleza intrascendente de la cotidianidad que se deja ver tras los vidrios de todas las ventanas. Es indiferente lo que nos encontremos; personas trabajando en silencio, viejecitas resolviendo un puzzle o niños pequeños y rubios manejando vistosas construcciones de juguete. En Holanda todo es normal.


No hacen falta aspavientos, gritos, gestos grandilocuentes.


Toda la expresión arquitectónica está contenida, cargada de intensidad cultural y rabiosamente contemporánea en diseño, en funcionalidad, en silenciosa belleza.


Una cultura así valora la ciudad por encima de todas las cosas.


La ciudad es la ventana por donde mirar y el espejo donde mirarse y reconocerse en ella es el privilegio de sus habitantes.


La ciudad está limpia, funciona, las calles son auténticos manifiestos de la complejidad donde todo está diseñado, las texturas de los pavimentos, los infinitos carriles-bici, los carriles de tráfico rodado (más estrechos para que disminuya la velocidad), los tranvías de puntualidad exquisita.


La relación entre lo privado-construido y el espacio público roza siempre la perfección, distinguiéndose perfectamente las distintas etapas de crecimiento, y desarrollándose cada parte como corresponde a su tiempo.


Javier Boned

Ventanas holandesas.


Por ejemplo, desde 1993 se empezó a acometer en Amsterdam el desarrollo de los muelles gemelos de Borneo y Sporenburg.


Los responsables municipales decidieron que al menos 800 de las 2.150 viviendas previstas fueran de baja altura.


El equipo ganador del concurso, dirigido por el paisajista Adrian Geuze, no se conformó con conseguir el mínimo previsto, sino que elevó el número de viviendas de baja altura al 80% del total.


Propuso una trama de calles paralelas que se ven interrumpidas en los puntos de perspectiva visual por tres grandes bloques en altura.


El secreto del proyecto está en trasladar el habitual jardín delantero o trasero de la casa holandesa al interior de la vivienda, en forma de patio o de cubierta ajardinada.


De esta manera se ganaba espacio, superponiendo los diferentes niveles de estancia, sin restar metros ni estándares de calidad espacial, y con acceso independiente a cada vivienda.


A ello añadió como condición que todas las plantas bajas tuvieran un altura mínima de 3,50, para que pudieran ser utilizadas como locales.


El resultado, a día de hoy, es una ciudad tremendamente esponjada, con altas dosis de variedad en todas sus manzanas, lo contrario a cualquier monótono barrio de los que podemos encontrarnos en nuestras queridas ciudades españolas, sometidas a rígidos planeamientos urbanísticos.


Variación, multiplicidad, buena construcción, viviendas de alquiler, espacios abiertos, zonas verdes… la arquitectura moderna hecha realidad.


Holanda es un buen motivo para empezar a amar la arquitectura moderna.Sostenibilidad incluida.


Miremos por su ventana, reflexionemos y aprendamos, sin aspavientos ni violentos gestos, cómo se puede integrar la creatividad silenciosa del arte y del diseño arquitectónico en el natural paisaje de la cotidianidad.


* Javier Boned Purkiss es doctor arquitecto y uno de los miembros de la incipiente escuela de Málaga.


martes, 20 de enero de 2009

El sonido de las ciudades

El sonido de

las ciudades




Por JAVIER BONED PURKISS* (SOITU.ES)
Actualizado 20-01-2009 11:37 CET

Al escuchar prestamos atención a las leyes físicas del sonido. Cuando escuchamos música atentamente, nos fijamos en el tiempo y en el espacio de cada nota, debemos crearnos una experiencia propia de la progresión del tiempo o de la ilusión del tiempo que transcurre en el interior de aquello que escuchamos.


Porque no basta con oír, al igual que no basta con mirar para poder ver. 'Escuchar' es 'oír' acompañado del pensamiento.


El poder del oído entonces se hace perceptible cuando el sonido es diseñado intencionadamente como acompañamiento de un fondo, tal y como sucede en el cine, donde las bandas sonoras por sí mismas son capaces de hacernos entender, incluso con anterioridad a que se produzcan, cierto tipo de escenas.


Nueva York, símbolo de la metrópoli contemporánea.


Nos hemos vuelto cada vez más insensibles a la información que recibimos a través del oído, sin valorar la variedad ni la calidad de sonidos que diariamente percibimos, y que condicionan sin duda nuestra existencia. Se ha hablado mucho del problema de la 'contaminación acústica' de nuestras ciudades, la expresión 'audible' de su actividad cultural y económica, y por tanto de su vitalidad, esa resonancia constante que a menudo se transforma para la percepción en un ruido metálico que nos irrita y nos desequilibra.


A este respecto se han estudiado multitud de ciudades y se han elaborado sus correspondientes 'mapas acústicos' que nos han ayudado a localizar y a cuantificar los aspectos de este fenómeno propio de nuestra época.



Pero el asunto del sonido urbano no debería estar únicamente referido a temas de contaminación. Ya en los años 60, el compositor canadiense Murray Schafer expresó el problema con total claridad y constató una pérdida progresiva de la identidad acústica en los asentamientos humanos, dado que la barrera de ruido indiferenciado que reina en muchos lugares conduce a la desaparición de las formas acústicas, de la riqueza estética y de la superposición espacial de sonidos de distinta profundidad.



En nuestra sociedad postindustrial, la ciudad tiende a sonar igual en todas partes. Las calles y plazas de la urbe hacen cada vez más difícil que uno se pueda orientar con ayuda de informaciones sonoras y se pueda identificar con un lugar


Al igual que la percepción visual va dejando 'huellas' en la retina de nuestra propia historia, identificando los lugares, los espacios y la arquitectura que han ido jalonando las distintas etapas de nuestra vida, sucede lo mismo con los recuerdos acústicos. En efecto, antes de que sobreviniera la industrialización total y se generalizara el uso del automóvil, la ciudad se hallaba estratificada acústicamente en un primer plano, un segundo plano y un fondo, que podían diferenciarse. Por ejemplo, en el primer plano se oía la conversación que uno mismo llevaba a cabo, en segundo plano los pájaros del jardín, o el fabricante de la esquina, o el mercader de la plaza, y en el fondo las campanas de las iglesias. Antes de la industrialización total, cada ciudad, cada barrio, podía ser reconocible por su sonido.


Con la globalización y nuestra sociedad postindustrial, la ciudad tiende a sonar igual en todas partes. Las calles y plazas de la urbe hacen cada vez más difícil que uno se pueda orientar con ayuda de informaciones sonoras y se pueda identificar con un lugar. Los famosos 'no lugares' de Marc Augé resultan mucho más claramente evidentes en su componente sonora. En ellos sería imposible percibir con el oído el espacio construido, el tiempo y la cultura local.


El World Soundscape Project, iniciado por el citado Murray Schafer, así como otras iniciativas, han abogado a nivel mundial desde los años 70 del siglo pasado por la creación de un entorno sonoro favorable. Dado el predominio de lo visual en nuestra época, su tarea no es fácil. En las tres décadas transcurridas desde que comenzaron estos proyectos, se han llevado a cabo extensos estudios de las atmósferas sonoras de las ciudades. Artistas como Max Neuhaus, Bill Fontana, Christina Kubisch, Ulrich Eller, Ros Bandt, Andres Bosshard, Robin Minard, Bill y Mary Buchen, Sam Auinger, Bruce Odland, entre otros, han señalado con instalaciones sonoras e intervenciones musicales los problemas existentes y presentado propuestas para la remodelación acústica de la ciudad.


En concreto, Andres Bosshard ha planteado en ciudades como Florencia o Zurich la posibilidad de jardines acústicos, que interactúan con los ciudadanos y se transforman según las estaciones del año, evolucionando lentamente.


Los arquitectos y diseñadores podrían aportar multitud de ideas que no fueran únicamente encaminadas a la reducción de ruido, sino incluso a la integración o la producción de este ruido de forma cualificada


La verdad es que los arquitectos y diseñadores de la ciudad podrían aportar en este campo multitud de ideas que no fueran únicamente encaminadas a la reducción de ruidoEstá por hacer, en este sentido, la cultura acústica del urbanismo, por no decir la cultura acústica en general. A la asimilación del 'collage' visual, signo inequívoco de nuestra civilización, deberíamos añadir la asimilación y el estudio de lo que significa el 'collage' sonoro. (único aspecto sonoro que ha sido hasta ahora objeto de atención) sino incluso a la integración o la producción de este ruido de forma cualificada, incidiendo en el mismo desde el punto de vista de su reverberación, su repetición o su textura, contrastándolo con otras emisiones sonoras que se podrían tener en cuenta en el planeamiento urbano desde un principio.


Escuchar implica pensar, y escuchar las ciudades significaría una buena disposición para entenderlas en toda su complejidad.


Las ciudades hablan de lo que son a través de su imagen y de sus arquitecturas, pero también, y muy intensamente, a través de sus sonidos.


Y si tan elocuentes son los códigos visuales que se instauran diariamente en nuestra percepción proporcionándonos cantidades ingentes de información, así lo son también los códigos sonoros, que nuestra escasamente desarrollada cultura auditiva nos impide descodificar e interpretar con la misma intensidad.


La comprensión y la vivencia adecuada de nuestros espacios y nuestras ciudades estarán siempre mutiladas si no conseguimos familiarizarnos con su lenguaje sonoro.


El sonido nos enseña que el pensamiento lógico y las emociones intuitivas están permanentemente unidos.


El sonido, en definitiva, nos enseña que todo está relacionado.


* Javier Boned Purkiss es doctor arquitecto y uno de los miembros de la incipiente escuela de Málaga.


lunes, 19 de enero de 2009

TEXTile

TEXTile es una escultura interactiva donde se han utilizado 22.528 teclas de computadoras recicladas y 192 teclas especialmente fabricadas.

Click para ver la galería de imágenes.

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Según la Wikipedia, Lorem Ipsum es el texto que se usa habitualmente en diseño gráfico en demostraciones de tipografías o en borradores, para probar el diseño visual antes de insertar el texto final.


Ya lo sabemos o lo hemos visto decenas de veces pero ¿por qué usamos eso y no otro texto? ¿es un capricho?


Dicen los que saben que, al estar escrito en latín (un idioma que difícilmente comprendamos), permite que el texto, ininteligible, pase a un segundo plano y de esa manera, un usuario no se "distrae leyendo" y puede concentrarse en el diseño de algo que es, por cierto, el objetivo final de ese tipo de página.


El texto no es aleatorio, pertenece a una obra de Cicerón llamada De finibus bonorum et malorum (Sobre los límites del bien y del mal), escrita en el año 45 AC y la parte más utilizada es:


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En es.lipsum.com aclaran que Lorem Ipsum es un relleno que se viene utilizando desde el año 1500 cuando un impresor desconocido usó una galería de textos y los mezcló de tal manera que logró hacer un libro de textos modelo. Más cerca nuestro, en la década del 60, se hizo popular con la creación del Letraset; más recientemente, se incorporó como estandard a todo tipo de documento electrónico ya que tiene una distribución de letras muy homogénea y es mejor usar eso que poner textos tipo "Aquí va el contenido" o "blablablabla blablabla".


En ese mismo sitio podemos encontrar diferentes paquetes que permiten la creación de este tipo de textos en diferentes contextos: extensiones para Dreamweaver, Pyton, GTK, ActionScript e incluso una extensión para Firefox que genera un texto aleatorio en cualquier campo de un formulario (más información).


La extensión tiene varias opciones de configuración y podemos descargarla desde Mozilla AddOns.





También hay varias páginas que nos permiten generar textos aleatorios: blindtextgenerator o generator3, ambos en español y hace poco, La Bloguería twiteaba (¡que modernos somos XD!) sobre otro sitio llamado HTML Ipsum donde hay ejemplos que podemos utilizar directamente en una página web (más detalles en Gem@ Blog


Así que:

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